Por tierras del “hermano Pedro” (Damián). 1/3

HermiguaValeriano Pérez

De nuevo me veo ante el ordenador, ese ya para mí indispensable aliado que unas veces me sirve de confesor y otras de psicoanalista (Creo ser el único que tiene en su casa una pareja de ordenadores: Siemens, él y Loly, ella). Esta vez lo abro para relatar las vivencias y anécdotas de un nuevo y fructífero viaje, en esta ocasión a la Gomera.

Este va a ser un paseo tipo “domestico” soportable para mi ya modesta economía de jubilado y para una aún más modesta capacidad física. Sucede que este otoño, por motivos de oportunidad o de logística, no he trabado ningún viaje del Imserso y me encuentro raro, como la gallina (gallo, más bien) que no sabe donde poner el huevo y por eso propuse a los amigos Enrique y Pedro irnos a hacer un cómodo viaje a esa Isla.

Al realizarlo un fin de semana (sábado y domingo) resultaba factible que algunos de nuestros amigos, habituales acompañantes “sabatinos”, se nos unieran y así logramos formar un nutrido grupo con estos nueve viajeros: Laura, Aurora, Sandra, Florentina, Marcos, Enrique, David, Pedro y “mi menda” que, como siempre, hago también de notario.

Hasta ahora todos los viajes realizados hacia la hermosa isla colombina los hemos hecho con la naviera Fred Olsen, el último hace casi 7 años, pero en esta ocasión probamos con Armas y el resultado fue excelente. En efecto, ya sea debido a que la mar estaba “echada” o a que el barco tiene mayor envergadura, que conlleva más y mejores miradores sobre un paisaje marítimo-terrestre, lo cierto es que la travesía resultó grata. Posee un excelente confort interior y a pesar de que va más despacio, como sale 30 minutos antes, llegamos también antes a nuestro destino y además con el notable añadido de que disfrutamos de una mejor tarifa.

Previamente concertados y a bordo de los coches de Pedro y Marcos nos vimos en el muelle de los Cristianos a las ocho horas del sábado 13 de Noviembre del 2010 y solo cincuenta minutos más tarde el Volcán de Taburiente ponía rumbo a esa redonda isla, patria y madre del silbo. Cuando nos cansamos de las vistas disponibles entramos en uno de sus salones y entretenemos el viaje jugando a las cartas con un reinventado “seiscillo” usando una baraja de 48 cartas y a las 11 llegamos al puerto de San Sebastián de la Gomera (La Villa) dispuestos a pasarlo bien.

Se ha tratado de buscar distintos orígenes al nombre de la isla. Una teoría dice que viene de unos lentiscos productores de goma; otra de un español llamado Gómez; otra de Gomer, un nieto de Noé, pero la más aceptada es que proviene de la deformación de un vocablo aborigen. Al parecer existió una antigua y levantisca tribu berebere, los Gomara, que vivían en el norte de África, alejados de las rutas marítimas y que fueron traídos aquí a la fuerza, al parecer  por romanos, lo que podría explicar el misterioso origen de los primitivos pobladores de estas islas, que, viviendo rodeados del mar, desconocían el arte de la navegación. Para los navegantes romanos la isla fue conocida como Junonia Minor, en contraposición a la isla de La Palma que llamaron Junonia Major. La isla conserva muchos nombres de pueblos y localidades de origen aborigen como son los de Arure, Alajeró, Alojera, Agulo, Arguamul, Garajonay, Guadá, Tazo, Taguluche, Tesina, Tajaque, Chipude, etc.

La Gomera tiene 373 kilómetros cuadrados y en su parte central se localiza “La Meseta” una altiplanicie de relieve ondulado. En ella se halla el La GomeraGarajonay, su mayor altura (1487 metros) desde donde se inician profundos barrancos, a veces modificados por un impresionante paisaje de terrazas agrícolas. Aquí existe también una extensa corona vegetal que ocupa el 10 por ciento de su superficie. Se trata de un viejo bosque de laurisilva dentro del cual y casi coincidiendo con su límite, está ocupado por el Parque Nacional de Garajonay (1981), que es la más valiosa joya de la “Corona Gomera”. Este bosque actúa a la manera de una esponja gigante que almacena y distribuye sus recursos hidráulicos, manteniendo así un curso de agua perenne: el arroyo del Cedro, uno de los pocos que hay en Canarias.

En el momento de la conquista en la Gomera había un único reino bajo la autoridad del que luego se bautizaría como Fernando Amelahuige. A su muerte se desmembró en 4 cantones que coinciden con los 4 grandes barrancos-valle de esta isla: El de San Sebastián (Ipalan), Hermigua (Mulagua), Arure  o Valle Gran Rey (Orone) y Vallehermoso (Agana).

Otra espectacular característica del paisaje gomero son sus roques. De origen volcánico intrusivo, la erosión se ha encargado de aflorarlos Por su morfología aguda y cónica, destacan los de Agando, Zarcita y Ojila.

Son destacables también las fortalezas, similares a los roques en su génesis. Son efusiones puntuales sin derramamiento de materiales y se  semejan a baluartes, con la parte superior más o menos plana. De entre ellas destaca la de Chipude (1243 m) que hemos subido en otras ocasiones, pues ofrece una amplia y excelente panorámica circular.

En  la “villa” nos aprovisionamos de pan y “conduto” en Hiper Trébol y en su anexo y exiguo mercado municipal, para el tente-en pie de la tarde, pues la comida principal consistirá en una tardía merienda cena. A la salida de la villa, muy próxima a la plaza central, se encuentra la Torre del Conde, una singular fortaleza construida por el Conde de la Gomera, Hernán Peraza (El Viejo), en 1447. Es de forma prismática, mide 15 metros de altura y sus fuertes muros tienen dos metros de espesor. Aquí se refugió Beatriz de Bobadilla con sus criados tras el asesinato de su esposo, Hernán Peraza el Joven, en 1484, que había sido atraído a una cueva en Guahedum, donde le había citado la joven princesa (¿) gomera Iballa. El pastor Hautacuperche le arrojó un dardo y le mató

A las 11.15 estamos en Hermigua y buscamos los apartamentos Piñero, situados al pie de la carretera general, en una reducida hondonada e  integrados en una pequeña finca de plátanos y otros árboles frutales que proporcionan al bucólico paraje, un exótico encanto rural. Aquí tenemos reservado unos vistosos y muy cómodos “bungalows” (uno de cuatro plazas y dos de dos) que cuentan con sofás camas extra, por el módico precio de 138€ lo que significa menos de 16€ por cabeza.

Dejamos nuestros escasos “corotos”, y nos damos prisa en hacer los bocadillos para el “tente en pie” de media tarde, mientras Pedro se llega a ver a su tío que vive en la casa solariega que su familia conserva en el cercano barrio del Tanquillo, quien nos manda varias provisiones (huevos frescos, plátanos, café, azúcar morena y blanca, aceite, sal, etc.) No debemos olvidar que Pedro Damián es gomero y procede de esta zona, de ahí el titulo con el que encabezo esta pretensiosa croniquilla.

 

 

 

Valeriano Pérez

 

 

 

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