Por tierras de Huelva. 8

Playa en el AlgarveValeriano Pérez

Jueves, 3 de marzo de 2011. Hoy tenemos contratado el segundo viaje que haremos con Mundo Senior y que nos llevará hasta el Algarve -yo ya estuve allí el pasado 23 de Junio camino de Santiago de Compostela-.

Una pega que se le puede achacar a esta Punta del Moral es que está algo aislada, lejos de una población importante con alternativas de ocio. Además el servicio de guaguas de Ayamonte es escaso por lo que muchos de los vejetes viajeros se han de apuntar -casi necesariamente- a demasiadas excursiones, lo cual rompe cualquier presupuesto previo. Y así, todos los días, vemos salir un buen número de guaguas -cuatro o cinco- que van abarrotadas hacia los diferentes destinos programados, algunos de ellos con discutible o escaso contenido cultural o paisajístico en los que, para más INRI, te ofrecen un almuerzo muy poco atractivo.

A las 9.20 abordamos nuestro autobús que aparece completamente rotulado con el nombre de Club Deportivo San Roque de Lepe, S.A.D. y es que hay que “hacer caja” de donde se pueda para afrontar gastos. Bordeamos Ayamonte y por el puente internacional sobre el Guadiana entramos de rondón en Portugal como si pasáramos del comedor a la cocina. Que tiempos aquellos en los que había frontera y te resultaba emocionante salir al extranjero, aunque fuera al país vecino. Ahora se me antoja ser como si fuera desde Santa Cruz al Puerto, casi sin gracia.

A las 10.35 llegábamos a la ciudad de Faro, la antigua Ossonoba que se ubica en la ribera interior de la ría de Formosa -Hermosa- capital de la región del Algarve y que por marcar el punto mas occidental del imperio islámico fue llamada al-Gharb, que en árabe significa El Oeste. Nuestro transporte nos deja en los jardines Bivar para, a continuación, llevarnos a su modesta catedral que visitamos con detenimiento y en la que, aunque resulte incongruente, hay una capilla barroca dedicada a la Virgen de los Placeres. No es fácil poder asimilar ambos conceptos. Luego nos hacen subir a la truncada torre campanario desde la que se aprecia una espléndida panorámica de la coqueta ciudad y de su ría. Las cigüeñas se han apoderado de esa altura y no la abandonan a pesar de que no me resisto a mover el badajo y hago sonar quedo la campana.

Nos dan un tiempo libre que aprovechamos para pasear por las calles peatonales de Faro y probar su “amarguiño” licor y su repostería. En Faro se halla el segundo aeropuerto luso en número de pasajeros, mas de 5.000.000, utilizado incluso por los onubenses por su cercanía. A las 13.00 horas nos llevan a Vilamoura -Villa Mora- un moderno y ostentoso puerto deportivo -inferior al marbellí Puerto Banús, refugio según dicen, de los Gadafi-, en el que nos vuelven a soltar para que nos corroa la “puta” envidia viendo yates, coches y apartamentos caros. Pero como nadie sabe si somos ricos o parias y como ya el hábito no hace al monje, nos sentamos en la terraza de la cafetería de Luís Figo, ese buen futbolista que jugara con el Barcelona CF y el Real Madrid. Allí ponemos cara de ricos y hacemos girar en nuestros dedos las llaves de un imaginario “haiga” a la espera de que pasen algunas jóvenes descarriadas que “piquen” -a ver como saldríamos de ese compromiso-.

Nos retiran del lujoso lugar, con más pena que gloria, y nos llevan a por un almuerzo de “Altura” pues así se llama una llana localidad turística de Castro Marín. Comemos en el restaurante O Ifante, donde nos dan un arroz con bacalao que resultó muy bueno. No se olvide que en Portugal, la comida es generalmente buena, incluso con el Imserso. Volvemos al autobús que nos lleva a Vila Real de Santo Antonio y nos vuelvan a soltar para que recorramos el lugar y nos gastemos los pocos euros que no han sobrado del viaje, pues mañana hemos de decir adiós.

En la orilla del Guadiana aparece la figura de una dama en piedra en cuyo pedestal, en el idioma del poeta Luís de Camoens, se lee: “No hay un cielo de tal esplendor ni un río azul tan bello y plateado como el Guadiana, mi río encantado de mansas aguas, suspirando amor”. Cuando les parece oportuno recogen “el geriátrico” y nos reintegran al hotel para el ritual de la cena y del bucólico paseo por la enlosetada vía que precede a la extensa playa que nos envía gratos efluvios marinos. No podemos alargar el paseo pues mañana hay que madrugar y hemos de dejar la maleta preparada para no perder más tiempo del necesario.

Viernes, 4 de marzo de 2011.  Recepción nos llama a las 6.00 y después del frugal, casi mísero desayuno -no hay pan fresco ni leche o café caliente- salimos “pitando” para Sevilla en un autobús sin azafata que controle si estamos todos. Menos mal que, aunque silencioso, tenía un conductor. Llegamos al aeropuerto de San Pablo a las 9.00 y corremos a facturar sin el auxilio de Mundo Senior. El que más y el que menos ya tiene practica. Como pido en Air Europa uno de esos asientos en las alas que son más cómodos me dicen que llevan un sobrecosto. Cualquier día dirán que también tendrá un costo adicional utilizar los servicios, el ir sentado o quizás que debamos consumir obligatoriamente algo durante el viaje.

A las 11.00 horas salimos de Sevilla y tras las consabidas 2.15 horas del trayecto, a las 12.15 -hora canaria- estamos en “Los Rodeos”. Usando el servicio de Titsa, a las 2.20 estamos en casa almorzando aquellas cosas a las que nuestras esposas nos tienen mal acostumbrados. Gracias señoras.

Y gracias también al bueno de Julio por su siempre grata compañía.

 

 

 

Valeriano Pérez

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