Por tierras de Huelva. 2

SevillaValeriano Pérez

Sevilla luminosa y hospitalaria es por añadidura, andaluza, flamenca y acogedora y para corresponder a esa bienvenida debemos dejar escrito que, fundada por los fenicios y destruida por los cartagineses, dio paso a la ciudad romana de Hispalis, junto a la que se construyó la colonia  Itálica. Con los árabes fue sede de una cora y Reino de Taifa más tarde.

Tiene 705.000 habitantes aunque su área metropolitana supera los 1.500.000. Su escudo municipal lleva el siguiente críptico “NO-madeja-DO”, referido a que nunca dejó a su rey, por lo que ostenta los títulos de ciudad Muy Noble, Leal, Heroica, Invicta y Mariana. La Giralda es su monumento más emblemático aunque podrían serlo además otros como  la Catedral, El Alcázar, el Archivo de Indias o la Torre del Oro. Pero Sevilla no se concibe sin su más preciado tesoro, esa torre de la catedral, hermoso ejemplo del arte mohade, construida en el siglo XII como alminar de la mezquita que sigue asombrando a cuantos la miran. Sevilla posee el único puerto fluvial de España que se halla a 80 kilómetros de su salida al mar por Sanlúcar de Barrameda. El río Guadalquivir (Wadi al Kabir de los árabes o el Betis romano) es navegable para barcos de poco calado y moderada arboladura pues su moderno y “expositivo” puente del V Centenario, tiene un “ojo” máximo de 45 metros.

Y sin mas dilación accedemos al autobús del Imserso, de Mundo Senior más bien, para irnos hacia Isla Canela pues ya tenemos ganas de llegar y comer  algo caliente ya que casi todos venimos algo “desmayaditos”. A las 16.45 arranca nuestro autobús atravesando unas extensas llanuras en las que destacan alternativamente dos tipos de árboles: los olivos y los naranjos. Los primeros típicos del bosque mediterráneo y los segundos originarios de Asia, siempre verdes, floridos y con frutos. En ocasiones se nos presentan solamente praderas cubiertas de hierbas o verdes y redondeadas lomas, otras curvos invernaderos de fresas que mantienen en óptimas condiciones ese estimado fruto utilizado para la elaboración de pasteles y mermeladas, tan sabroso y rico en vitamina c.

Por fin a las 19.00 estamos en nuestro hotel, El Iberostar que se sitúa al fondo de Isla Canela, muy cerca de un barrio de pescadores al que se conoce como Punta del Moral, separado por un canal o brazo de mar de Isla Cristina, otra localidad turística muy similar a Isla Canela. El hotel es moderno, del 2002, aunque no resulta elegante pues parece una de esas edificaciones que la tele nos muestra en los documentales queriendo reflejar una ciudad árabe del desierto, con casas agrupadas o superpuestas. Su color ocre y las huellas del agua en sus manchadas paredes le confieren una falsa antigüedad que más bien parece desidia. Su estilo arquitectónico intenta imitar al árabe. Con solo tres plantas, ocupa una amplia superficie y se divide en cuatro núcleos separados por unas calles-patios que se han de atravesar para ir el comedor o a la recepción, lo cual provocaría más de un enfriamiento a los “viejitos” y quizás para compensar, la piscina climatizada es gratis para nosotros. Nos asignan las habitaciones que resultarían más cómodas si no fueran tan llenas de mesas, lámparas, sillones, etc. Nosotros vamos a ampliar su superficie útil, sacando algunas cosas para el pequeño y frío balcón. No nos entretenemos mucho pues dentro de nada abren el comedor y nos apresuramos a entrar en él para comer algo. Es la comida habitual que en sí no es mala, con una pobre sopa caliente de primero. El resto al ser tipo buffet, siempre hay algo que resulte mínimamente comestible, aunque en la alimentación no se vigile la presencia de la sal o el azúcar.

Después de la cena y siguiendo nuestra costumbre salimos a dar un paseo por los inmediaciones del hotel, al que se unen Octavio y Juan. Vamos por una enlosetada, llana y ancha avenida que, a la derecha llega casi hasta la desembocadura del Guadiana, pasando a la vera de  varios hoteles y a la izquierda nos lleva a un coqueto muelle deportivo, frente mismo a ese corto brazo de mar que nos separa de Isla Cristina. Isla Canela e Isla Cristina forman una extensión natural de tierra situada en la margen izquierda de la desembocadura ayamontina del  Guadiana y tiene un litoral de magníficas playas de fina y blanca arena.

Este Ayamonte se halla en las inmediaciones de una extensa playa con dunas. Situada sobre un montículo del que podría derivarse su nombre (Aya parece significar monte en íbero) por lo que debe deducirse que es doblemente monte y con localidad portuguesa de Vila Real de Santo AntonioPlaya en Isla Canela forma el dintel de la puerta hispano-portuguesas del río Anas. El ya bautizado Wuadi-ana árabe es el cuarto río mas largo de la península ibérica y el décimo por su caudal. Nace en el manantial de “Los ojos del Guadiana” en Ciudad Real y recorre un total de 818 kilómetros, 578 de ellos en España, 140 en Portugal y 100 haciendo de frontera entre los dos. También conocido como río de los patos es navegable en sus últimos 70 kilómetros de recorrido y se ha especulado demasiado sobre su desaparición y reaparición. En realidad no tiene ningún curso ni cauce subterráneo.

Cerca de Ayamonte existió la localidad de Canaca, de la cual parece se derivó el nombre de Isla Canela, donde se ubica nuestro hotel, aunque el núcleo poblacional más cercano es la ya citada Punta del Moral. El paseo y charla por la tenuamente iluminada avenida resulta grato y en un momento que nos adentramos por un camino interior rodeado de unas soberbias y floridas retamas, apartados momentáneamente de la contaminación lumínica, podemos contemplar la grandiosidad de la noche estrellada, tal como recordábamos verla cuando éramos críos. Nuestro errático caminar nos lleva luego hasta la otra punta del paseo en donde están las instalaciones náuticas de la Marina Deportiva. En frente tenemos el canal que nos separa de una Isla Cristina, rutilante de luces y que debido a la oscuridad nocturna, no podíamos identificar.

Ya procede regresar a nuestro provisional hogar pues la noche se muestra algo fresca al igual que frescas serían las mañanas. En general el tiempo en los ocho días fue bueno con bastantes horas de sol. Solo el octavo día, ya de vuelta, lloviznó y luego vendrá aquí una pequeña borrasca

 

 

 

Valeriano Pérez

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