Plantas que sienten

PlantasA finales de la década de los 60, Cleve Backster, un agente de la CIA especializado en interrogatorios, decidió extrapolar su trabajo al ámbito de la botánica. Así es que utilizó el equipo que normalmente empleaba para interrogar a personas y lo conectó a una planta que tenía en su despacho para estudiar las reacciones de esta ante diferentes estímulos externos. Los resultados obtenidos fueron sorprendentes.

Según la división aristotélica de los reinos de la Naturaleza, las plantas pertenecen a la categoría de los vegetales, cuyas principales características es que crecen y viven pero no sienten, en contraposición a la categoría suprema, la de los seres humanos, que sí tenemos esa capacidad de sentir. Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que también los vegetales son capaces de responder a determinados estímulos y repetir patrones de “comportamiento”, por lo que no únicamente sentirían sino que, además, estaríamos hablando de la “memoria de las plantas”.

Uno de los estudios más famosos fue el realizado por Cleve Backster en la sede de la CIA en Langley, Virginia. Conectó los electrodos de un detector de mentiras a una planta para estudiar sus “sentimientos”, o lo que es lo mismo, sus reacciones frente a los estímulos que suelen provocar el miedo, el afecto o la felicidad.

Para empezar, descubrió que las plantas experimentan una sensación de bienestar al recibir agua en sus macetas. Las ondas reflejadas por el detector de mentiras dibujaban muestras evidentes de satisfacción. También experimentaban sufrimiento cuando se dañaban sus hojas o se les arrancaba algún tallo. El polígrafo emitía diferentes indicativos en función de lo que Backster interpretó como un presunto “estado anímico” de la planta.

Una vez contrastados los datos de estas primeras pruebas, el agente quiso ir un paso más allá y comprobar si la planta era capaz de “almacenar” este tipo de reacciones y recordarlas posteriormente, o si existía algún tipo de conexión anímica entre las propias plantas. De manera que organizó el “asesinato” de una planta en una de las habitaciones de la sede y colocó a otra planta como testigo en el lugar de los hechos. Únicamente esa planta iba a saber cuál de los seis sospechosos seleccionados para el experimento había sido el “asesino” de su compañera.

Posteriormente, cuando los presuntos delincuentes pasaron uno a uno delante de la planta testigo, esta no mostró ningún tipo de reacción hasta que apareció el culpable y las ondas del polígrafo se dispararon: la planta había identificado al autor del crimen.

Experimentos similares se han repetido para demostrar la conexión entre las plantas y la música o entre las plantas y el tratamiento afectuoso por parte de sus dueños, haciendo pensar que, probablemente, la energía que desprende nuestro cuerpo cuando mostramos sentimientos de afecto o de odio, sí pueden ser interpretadas por los vegetales.

 

 

 

 

 

 

 

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