Perros con sexto sentido

Animales con sexto sentidoAdemás de tener cuarenta veces más células olfativas que los seres humanos, hace ya algunos años y, a través de un procedimiento estrictamente científico, se determinó que los perros poseen unas capacidades que más allá de lo meramente sensitivo podrían tener mucho que ver con aspectos telepáticos de conexión con sus amos.

A veces, la relación entre perros y amos supera los límites de lo entendible. Al menos así lo han manifestado durante siglos muchas personas que aseguran que sus mascotas son capaces de entender y hasta de predecir el comportamiento de sus amos incluso cuando estos se encuentran a muchos kilómetros de distancia. Por algo se dice que el perro es “el mejor amigo del hombre”.

Hace unos quince años, el controvertido biólogo e investigador Ruper Sheldrake decidió encontrar un razonamiento a los comportamientos de estos animales en ausencia de sus amos aplicando procedimientos científicos en el análisis.

Para empezar, reunió casi 600 expedientes de casos en los que los propietarios de perros aseguraban tener este tipo de conexión con sus mascotas y de esta muestra tomó aquellos casos en los que dicha conexión parecía producirse con mayor claridad.

A partir de ahí, Sheldrake desarrolló una serie de pruebas que serían recogidas con posterioridad en su obra Perros que saben que sus amos están camino a casa, y que principalmente consistía en “espiar” a las mascotas cuando se quedaban solas en el domicilio mientras sus amos salían a hacer recados a muchos kilómetros de distancia.

Esta separación espacial impedía que los perros tuvieran cualquier tipo de conexión con sus amos a través de los sentidos –fundamentalmente el oído o el olfato- de manera que cualquier cambio de comportamiento debería deberse exclusivamente a algún tipo de capacidad telepática para predecir situaciones.

Los experimentos demostraron que los perros eran capaces de determinar el momento exacto en el que el amo retornaba a casa. Los animales se mostraban repentinamente expectantes antes un trayecto de regreso que podía durar hasta una hora. Evidentemente, los experimentos se realizaron en franjas horarias en las que no pudieran operar la “costumbre y el hábito del animal”.

Sheldrake decidió ir más allá en sus experimentos y comprobó que en el animal se producían una serie de cambios a nivel neuronal que conectaban no sólo con el momento en el que el amo retornaba a casa, sino con el instante en el que el amo tomaba la decisión de regresar a casa. Es lo que el biólogo definió como “conducta anticipada del perro”. Esta conducta sorprendía incluso al resto de los habitantes de la casa, que podían determinar el momento en el que regresaría su familiar al observar esos cambios en el perro.

Estas investigaciones se llevaron prácticamente a lo largo de todo un año y además de numerosos científicos participaron en ella periodistas de diversos medios de comunicación británicos que certificaron que era imposible que, en esas condiciones, existiera ningún tipo de relación sensorial entre los perros y sus amos, por lo que se concluyó en que los perros tienen un “sexto sentido”, probablemente el mismo que les sirve para orientarse cuando se encuentran en un lugar desconocido, o el que les conduce hasta sus hogares, aunque se encuentren a cientos de kilómetros, cuando se han perdido.

 

 

 

 

 

 

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