Perdidos, Ben 10 y los buenos recuerdos

PerdidosAlberto García

La única monarquía que acepto es la que ejercen los Reyes Magos de Oriente. Cualquiera que sepa algo de guión humorístico sabrá que el número tres es un número que proporciona efectos milagrosos. Los Reyes Magos, que son tres, provocan efectos de este tipo. Al menos ha sido así en mi caso, ya que me han regalado Perdidos y la última novela de Paul Auster.

Estos reyes sí que son campechanos y conocen a su pueblo. A mí al menos parecen conocerme muy bien. Podían haber elegido para mí una chaqueta de moto de Valentino Rossi o un disco de regaetton pero no. Ellos, a pesar del duro trabajo que su labor como monarcas dadivosos conlleva, se han fijado en que yo no tengo moto y que un disco de regaetton me habría producido urticaria. Así que no me han regalado un par de regalos, me han regalado lo que parece que van a ser muchas horas de placer.

He de confesar que no había visto Perdidos y ahora que estoy empezando a verla (en el momento en que escribo esto he visto los primeros cuatro capítulos) tengo que decir que estoy absolutamente fascinado. Tiene un diseño tan inteligente que si alguien no se engancha a esta serie creo que debería empezar a mirarse sus niveles de fantasía, que puede que anden por debajo de los mínimos exigibles como ser humano.

Perdidos es tele, de acuerdo, pero a mí me parece cine. Perdón, quiero decir: CINE. Lo poco que he podido ver hasta este momento me ha devuelto la confianza en la tele y en el cine. Y tan potente ha sido este efecto que me ha hecho revivir algunos momentos puntuales de mi memoria más lejana. Momentos ligados a la ilusión ya antigua de haber querido ver una película o de la satisfacción de haberla logrado ver. Es posible que llevado por la emoción esté siendo excesivamente selectivo y crea que los momentos más destacables de mi infancia sean sólo los que tienen que ver con las películas o con la televisión. Es posible que no. Quizás Alberto Contador o Lance Armstrong lo que mejor recuerden de su infancia sean triciclos y bicicletas, paseos ciclistas por su urbanización y el comienzo de Verano Azul (no en el caso de Armstrong, supongo). Yo también recuerdo con emoción el día en que mi padre me llevó al parque García Sanabria para enseñarme a montar en aquella bici que una vez más los monarcas del 6 de enero tuvieron a bien regalarme. Pero también recuerdo el día en que mi padre y yo fuimos a ver juntos Acorralado en un cine ya extinto de la calle San Martín. Es un recuerdo grato por dos motivos. Porque la película era y sigue siendo apasionante y porque la fui a ver con mi viejo. Él y yo juntos viendo a Rambo.

Otro recuerdo en este caso de mi experiencia televisiva se remite a los sábados por la tarde, cuando sólo había dos cadenas y a pesar de ello tenían la osadía de emitir toneladas de programación infantil (yo lo recuerdo con esa magnitud, la memoria es lo que tiene). Recuerdo aquellas tardes en que mi madre limpiaba la casa mientras yo, tumbado en el sofá veía El Equipo A, Los Osos Amorosos y no sé cuántos dibujos más. Un recuerdo enorme, tan feliz que me sobrepasa. Y una vez más, curiosamente, no sólo era lo que veía. Era que mientras lo veía, allí estaba mi vieja.

Mis viejos siguen estando y yo sigo estando. Pero ahora hay alguien más. Ahora está mi hijo. Y aquella vieja ilusión de ver dibujos y películas sigue siendo la misma en su caso. Él no sabe lo que son los Osos Amorosos ni el Equipo A, claro, pero conoce a la perfección a ese chico intrépido llamado Ben de la serie Ben 10 y se conoce de memoria todos los capítulos del entrañable Pocoyo y del magnífico surrealista que es Bob Esponja. Y como pueden imaginar, los Reyes de Oriente, aunque son ya algo más mayores, también han sabido elegir para mi hijo.

Espero que algún día mi hijo recuerde con mucho gusto aquellos días en que veía a Ben luchando contra el mal gracias a las milagrosas capacidades de su reloj ormitrix. Y no estaría mal que el recuerdo esté asociado a la presencia de sus dos viejos.

 

 

 

 

 

 

{backbutton}

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.