‘Pequeñas mentiras sin importancia’, en los cimientos de toda relación

Pequeñas mentiras sin importancia“La felicidad es un tiempo pretérito”, viene a decir esta película coral en la que el espectador acaba desayunando, cenando y durmiendo con los protagonistas, porque éste es el grado de empatía que alcanza con ellos.

 No importa que pertenezcan a una clase acomodada, que sus vidas parezcan despreocupadas e ideales, que veraneen todos juntos en una casa fantástica del suroeste francés o que den paseos en un lujoso yate. En el fondo de cada uno de estos personajes subyace un temor, una ilusión y una mentira que nos hace creernos su historia y hasta sentirnos parte de ella.

Guillaume Canet –No se lo digas a nadie– nos hace partícipes de las vacaciones de unos amigos en la que la relación entre ellos, tal como hasta ahora la conocían, va a cambiar sustancialmente. Esa ‘evolución’ es uno de los aspectos más destacados de esta película que no deja cabos sueltos y que nos permite ver cómo cada uno de ellos avanza de ‘A’ a ‘B’ siguiendo su propio camino. Todos parten de una situación personal diferente, pero todos parecen llegar a una misma conclusión al final de la película: la mentira, el miedo y los secretos también forman parte de su relación.

Los personajes de Pequeñas mentiras sin importancia mantienen viva su amistad nutriéndose de los buenos recuerdos, los que no hacen daño, los espontáneos, los que no hacen pensar en que uno de los miembros más carismáticos de ese grupo está ingresado en un hospital con el cuerpo destrozado como consecuencia de un accidente de tráfico.

Son niños grandes que se resisten a crecer porque, a pesar de que algunos tienen familia e hijos, de que algunos han triunfado en los negocios, de que otros han sabido cómo seguir su vocación… todos tienen cierto temor a asumir la responsabilidad de que el tiempo nos transforma. Y aunque eso no ha de ser ni bueno ni malo, lo cierto es que los cambios siempre asustan.

La técnica del ‘golpe – contragolpe’ que va desde la risa más renovadora hasta el drama catártico, nos lleva de la mano por este argumento que encuentra, en la simplicidad de lo común, la complejidad de las particularidades de cada personaje. Por eso nos creemos esta historia y deseamos que este grupo de amigos nos haga un hueco en la mesa para compartir con ellos un vaso de vino y hablar de aquella época en la que fuimos felices.

 

Celina Ranz Santana

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