Parar el TTIP es posible

parar el TTIP

Pancarta contra el TTIP

Greenpeace advierte que el escenario de negociación ha cambiado y Obama lo tiene más difícil para suscribir el acuerdo

Durante la visita a España del presidente del Gobierno de Estados Unidos, Barack Obama, el pasado domingo, un grupo de seis escaladores de Greenpeace desplegaba en la fachada del edificio Metrópolis de Madrid una enorme pancarta con el mensaje de que parar el TTIP es posible.

Una de las razones por las que Obama ha decidido viajar hasta el continente europeo era la de darle un empujón al Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP), un documento negociado en secreto del que cuanto más empieza a descubrirse más oposición genera.

Movimiento europeo para parar el TTIP

A pesar de la insistencia de EE.UU y del interés de Obama por suscribir el acuerdo antes de que acabe su mandato en noviembre, parece que esto no va a producirse de manera inminente. Greenpeace ha detectado varios factores en el escenario internacional actual que hacen suponer que parar el TTIP es posible.

El pasado lunes empezaba en Bruselas una nueva ronda negociadora del TTIP y en opinión de la organización ecologista ésta es la situación:

  • Aflora el movimiento europeo que durante los últimos años ha surgido en los momentos clave para protestar contra las injusticias. Numerosas organizaciones de diferentes ámbitos (social, político, empresarial, profesional…) se movilizan contra esta nueva generación de tratados comerciales.
  • La ciudadanía es cada vez más consciente de que no sólo se negocian acuerdos comerciales sino “verdaderos procesos constituyentes que buscan cambiar las reglas del juego democrático”.
  • El impacto negativo de los acuerdos comerciales entre EE.UU, México y Canadá y su impacto negativo sobre el empleo y la economía no aportan confianza.
  • El contenido de los textos filtrados y el secretismo con el que se desarrollan las negociaciones son motivo de alerta.
  • El modelo regulador de EE.UU se rige por las decisiones de los lobbies industriales y los responsables de la UE, ante la presión ciudadana, se muestran todavía muy cautos ante cualquier decisión.

 

El Ilustrador

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