Paralelismos de la Historia

También la lluviaMás de cinco siglos separan las dos tramas que cimientan También la lluvia, la nueva película de Icíar Bollaín. Una distancia temporal apenas perceptible si se tiene en cuenta la temática común que las une. Lucha social libre de maniqueísmos y de discursos rancios que dejan claro que los cambios sólo se consiguen a través de la voluntad.

A pesar de los cimientos documentales sobre los que se erige la última película de Icíar Bollaín, También la lluvia es una obra de ficción que mantiene a raya los discursos moralistas para evitar que se cuelen en el guión. Hay crítica, hay rabia, hay indignación. Pero sobre todo hay libertad para que el espectador fluya por los tres niveles en los que se relata esta historia y evolucione también con cada uno de esos personajes que busca la consecución de su meta personal. Por encima de convencionalismos políticos, Íciar Bollaín hace una lectura universal del verdadero motor del mundo y de la capacidad del ser humano para ponerlo en movimiento.

Bollaín se aventura en una película metacinematográfica, es decir, el relato de una película dentro de una película en la que a su vez se relata otra historia. Esta estructura –cajas chinas o muñecas rusas– permite que el argumento avance creando inteligentes paralelismos entre los diferentes niveles de la historia: la película, su argumento y el making of .A través de este recurso, También la lluvia se convierte en el testimonio latente de que hay cosas que han cambiado más bien poco durante los últimos quinientos años. Y es que, salvando las distancias temporales, la trama que comparten la película y la metapelícula está cosida con el mismo hilo argumental: la lucha por la supervivencia.

En También la lluvia, todos los personajes necesitan “sobrevivir” a algo: a sus miedos, a sus metas, a sus objetivos o a los obstáculos que les impiden seguir adelante. De alguna manera, todos llegan a este proyecto estancados, pero con la convicción de llevar a cabo sus propósitos hasta las últimas consecuencias. Unidos por un mismo proyecto -el rodaje de una película sobre Bartolomé de las Casas y su defensa de los indígenas frente a los abusos de los conquistadores-, el director, el productor y el protagonista de la película coinciden en un momento de sus vidas en el que irremediablemente tendrán que elegir.

En este sentido, sorprende el intercambio de papeles en el duelo interpretativo que mantienen Luis Tosar y Gael García Bernal -cuyos personajes evolucionan hasta el último minuto de metraje- frente a la inalterable posición de Juan Carlos Aduviri -nominado al Goya como mejor actor revelación que es el único personaje con motivos para arriesgar su vida en pro de una causa prioritaria: el ser humano.

Con esta ecuación, capaz de sacudir conciencias sin imponer opiniones, no es de extrañar que También la lluvia sea una de las favoritas en la próxima edición de los Goya. La película, que además ha sido seleccionada para representar a España en los Oscar, cuenta con 13 nominaciones a los Goya y compite estrechamente con la controvertida película de Álex de la Iglesia, Balada triste de trompeta, a la que supera tanto en la originalidad de su estructura como en la definición de la trama y de sus personajes.

Celina Ranz Santana

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