Pablo Iglesias, ¿un sucedáneo del “estallido social”?

Carlos Castañosa

Parecía inminente la eclosión ciudadana como reacción a la opresión ejercida por la clase política, y desde el poder financiero con sus vejatorios abusos.

Pudo  reventar aquel 15 M. Pero el “Indignaos” de Stephan Hessel y el ideario de José Luis Sampedro fueron insuficientes para aglutinar la maltrecha voluntad ciudadana, carente entonces de un imprescindible liderazgo, contaminada con imágenes marginales como peyorativo contrapunto a una mayoría de víctimas convencionales, reprimidas con la contundencia habitual cuando el poder se siente débil, sin fuerza en la razón… y utiliza ambas en sentido inverso.

Permanece soterrado el germen de rebeldía ciudadana, y a flote la inquietud del poder político, atento a cualquier indicio de movilización para erradicarlo de antemano con decretazos  y cercenamiento inmisericorde de libertades y  derechos constitucionales.

Mientras, la corrupción institucional ocupa primeras páginas de informativos con nuevos casos cotidianos de flagrantes prevaricaciones, evasión de capitales, especulación, cohecho, nepotismo, tráfico de influencias, malversación de caudales públicos…; empresarios desalmados que esclavizan al trabajador mancillando su dignidad… al amparo de una infamante reforma laboral.

Impunidad generalizada en interminables procesos judiciales, sentencias sesgadas, repugnantes indultos y aforamientos vergonzosos; bancos putrefactos rescatados con miles de millones hurtados a las pensiones de quienes, además, fueron estafados con las “preferentes” por directivos indemnizados injustificable y millonariamente.

Desoladora indefensión civil bajo el epígrafe de la Constitución, bandera de garantía democrática cuando solo es una pretenciosa novela que apenas quedó en literatura de ficción, para desgracia de una ilusionada población escarnecida por sus dirigentes, maestros de la mentira y de las promesas incumplidas.

Se dan todos los condicionantes en la granja para la rebelión de quienes indefectiblemente reconquistarán su condición de pueblo soberano. Otros han acudido a la violencia de “primaveras”  esperanzadoras, pero de consecuencias funestas porque jamás se resuelve un conflicto sobre sangre esparcida.

Adolecemos de una resignación colectiva, acomodada al lenitivo de la “economía sumergida” y de que otros “se partan la cara”. Pero como inevitable remedio para una sociedad enferma, terminarían por automedicarse con antibiótico virulento quienes ya no tengan nada que perder porque el poder instituido les ha quitado todo.

Si como preludio de un episodio bélico surge un liderazgo mediático tipo Che (salvando las distancias), avalado por un millón de votos con efecto  fogueo, podría ser sustitutivo válido para mantener la munición real almacenada en el polvorín.

Como revulsivo, debiera consolidarse en varapalo electoral las próximas municipales, porque los fuegos artificiales que inducen al poder instituido a triunfalismos maniqueos y campañas de desprestigio (para contrarrestar la amenaza de una facción adversa), en su lugar, debieran imponerse la rectificación radical de su despotismo para así rescatar el prestigio perdido, respetando la dignidad de un pueblo al que se deben como servidores, según juramento de lealtad flagrantemente incumplido y pendiente de perdón, que tal vez consiguieran si reflexionan al respecto y obran en consecuencia.

En Islandia metieron en la cárcel a varios políticos y banqueros corruptos que, además, devolvieron todo lo robado. Se solucionó la crisis fulminantemente.

Señor Pablo Iglesias, si su irrupción fuera el revulsivo deseado, bienvenido sea. Pero por favor, no se equivoque. El Che defendió sus ideales con la misma crueldad que otros personajes históricos: fusilando a quienes no coincidían con su predicado. Los ciudadanos de bien siempre agradecemos la buena fe, venga de donde venga… Pero jamás nos sirvirá un totalitarismo para sustituir a otro.

Sería inasumible que se cumpliera, una vez más, la teoría orwelliana  de la fábula granjera. La vocación de pueblo soberano no permitiría que se repitiera la historia.

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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