Ouija, la tabla que habla

Sesión de OuijaA mediados del siglo XIX se puso muy de moda entre los aristócratas un peculiar juego de salón que permitía a los participantes obtener respuestas a sus preguntas canalizando la energía que desprendían sus mentes.

Un tal Adolfo Teodoro Wagner parece ser el primero en patentar este “invento” el 23 de enero de 1854, en la ciudad de Londres. La tabla fue bautizada con el nombre de Ouija como resultado de la fusión del término francés oui y el alemán ja, que en ambos casos se traducen como “sí”, pero se puso de moda en Inglaterra con el nombre de “tabla parlante” o “planchettes”, un galicismo mucho más apropiado para los círculos aristocráticos en los que se utilizaba como juego de salón.

El propósito de Wagner era el de crear una especie de psicógrafo que tuviera la capacidad de leer las mentes a través de la energía nerviosa de quienes intervenían en la sesión. Es probable que el carácter espiritista de la Ouija fuera posterior a su invención, ya a finales del siglo XIX, cuando una serie de inventores europeos quisieron hacerse con el mérito de su invención, debido a la moda por los espíritus que circulaba por el viejo continente. Elijah J. Bond, William H. A. Maupin y Charles W. Kennard son algunos de los nombres relacionados con la patente moderna de este curioso artilugio que posteriormente sería vendida a William Fuld y finalmente caería en manos de la compañía Parker Brothers, que se encargaría de comercializar la Ouija como otro de sus tantos juguetes.

Desde hace más de siglo y medio se ha hecho circular el rumor de que la tabla Ouija se remonta a la época de los egipcios y que éstos la utilizaban para coumunicarse con sus muertos. Sin embargo, ésta sólo ha sido una de las muchas estrategias de marketing para su comercialización. Lo que sí es cierto es que la tabla ha adquirido con el tiempo un tinte misterioso estrechamente ligado al ámbito del esoterismo y del espiritismo. De hecho, cuando más se ha comercializado esta tabla ha sido después de grandes tragedias humanas como las dos guerras mundiales. Y es que, a pesar de que se ha demostrado que los pueblos de la Antigüedad desconocían la existencia de la Ouija, la curiosidad del ser humano y sus deseos de volver a comunicarse con los seres perdidos han terminado convirtiendo a este juguete en toda una herramienta para comunicarse con el Más Allá.

A partir de su invención a mediados del siglo XIX y debido a esas conexiones que se establecían entre las mentes de quienes utilizaban la tabla para obtener respuestas, la “tabla parlante” fue evolucionando en cuanto al uso para el que estaba destinada. De simple juego de entretenimiento en las reuniones pasó a ser un objeto indispensable en las sesiones de espiritismo y la inocuidad de su utilización se puso en duda cuando se le atribuyeron esos supuestos poderes de conexión con espíritus no siempre demasiado amables… Sin embargo, es en el propio protocolo de su utilización donde los científicos más rigurosos creen haber encontrado una respuesta a por qué una tabla de madera con letras grabadas es capaz de aportar respuestas coherentes. Y es que para que la Ouija funcione es necesario que los participantes coloquen un dedo sobre el vaso -o cualquie otro artilugio- que se desplaza sobre las letras del tablero formando palabras. Así pues, lo que podría estar produciéndose es lo que en el campo de la psicología se conoce como “acción ideomotriz”, esto es, movimientos involuntarios del dedo para formar palabras de manera inconsciente. Uno de los experimentos más destacados en este sentido consiste en hacer que los participantes comiencen el “juego” con los ojos tapados. En esta situación, la Ouija es capaz de formar palabras con sentido, lo que hace pensar que es el subconsciente de las personas el responsable de los sorprendentes resultados de esta tabla. Pero a veces la Ciencia no tiene respuestas para los actos de fe, y tal vez la Ouija sea uno de los ejemplos más evidentes.

 

 

 

 

 

 

 

 

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