Nos creen tontos. ¡Qué pena me dan!

Carlos Castañosa

Es una pena que los “servidores públicos” no sean capaces de entender su verdadera condición con respecto a una ciudadanía que los ha contratado en las urnas, a partir de un currículum presentado en formato de campaña electoral, con promesas, compromiso de servicio y contrato laboral firmado -jurado o prometido- ante su patrono: el “pueblo soberano”.

En la realidad, contraria a la teórica legalidad -legitimidad- plasmada en la Carta Magna, se conculcan derechos fundamentales, y se protegen, en exclusiva, los intereses espurios de una casta despótica, inepta y abusiva.

Día a día se demuestra que solo la sociedad civil está capacitada para resolver sus propios problemas. La iniciativa popular, la participación ciudadana, los movimientos reivindicativos y la colaboración de plataformas y asociaciones, que solo pretenden aportar conocimiento y esfuerzo a una gestión política deplorable, no necesitan sufrir a su costa el despilfarro sistemático del mantenimiento de tantos cargos en poltronas bien pagadas, a cambio de nada, donde solo puede encontrarse una burocracia indecente, animadversión y menosprecio hacia quienes les estamos pagando inmerecidos privilegios, “presuntos” casos de corrupción y nepotismo institucionalizado (¿Alguien conoce a algún hijo de político en activo que esté en el paro? ¿O cualquier cargo público  cesado que no haya encontrado  acomodo rentable  en el consejo de administración de alguna empresa pública o recién privatizada, echaderos múltiples donde seguir exprimiendo el grueso de un gasto público inmoral y vergonzoso?

Y todo ello, junto a graves penurias sociales, precariedad de familias abandonadas por las instituciones y miseria creciente ante la pasividad  oficial. Porque “no hay dinero”.

¡Qué desvergüenza! No hay como repasar los B.O.C. para sufrir dolor por el despropósito de cómo se subvencionan negocios de “altas tecnologías” con escandalosas cifras millonarias, graciosamente asignadas a “amigos” y/o allegados. O de cómo hay que devolver sustanciosas partidas,  asignadas por el Estado, algunas dirigidas a la asistencia social, pero que no se supo cómo aplicarlas por unos trámites burocráticos impresentables. (La culpa es de Madrid). ¿Cómo puede concebirse que el 90% de la asignación presupuestaria de la Consejería de Cultura del Gobierno de Canarias sea para cubrir gastos de personal? ¡Espeluznante!

El Ayuntamiento en Santa Cruz, cuya inoperancia parece estar vinculada a la irregularidad de un nombramiento “legal” pero poco “estético”. Cuanto menos, bastante vergonzoso para la percepción ciudadana. Y todo, so pretexto de una Ley Electoral que ampara y justifica dislates donde se retrata, sin ambages, la verdadera vocación de poder como sustitutivo del preconizado espíritu de servicio. Lo primero es la poltrona ¡a cualquier precio!, incluida la ausencia de principios, (Léase la chapuza de Tacoronte. Todos enloquecidos por trincar o conservar cargos y prebendas…)

Por desgracia, los responsables de cambiar tamaños desafueros, son los primeros interesados, como beneficiarios directos, en no tocar nada. Que todo siga igual y que la Ley Electoral siga permitiendo el “hoy por ti, mañana por mí”, aun en detrimento de los intereses legítimos de un “pueblo soberano” que ha delegado en ellos la administración de sus derechos fundamentales.

¿Cómo se va a “adelgazar” la Administración para reducir un “gasto público” salvaje y demoledor, incompatible con aquel pretendido “estado de bienestar”, si quienes deben decidirlo están instalados en una privilegiada esfera de riqueza y poder, completamente ajena a la realidad de una ciudadanía maltratada con recortes inhumanos, menospreciada por unas autoridades mendaces  y avergonzada por el desprestigio internacional de una corrupción instituida que ha sumido la dignidad de España en un pozo séptico?

Para colmo, piensan que nos creemos las  mentiras de sus declaraciones, titulares y alardes de optimismo. Son tan tontos que ni siquiera se percatan del alto riesgo de  su ensimismamiento. No es premonición de pitonisa, sino correlación razonada de cómo los ciclos históricos se repiten inexorablemente,

Y siempre ha sido igual desde que la humanidad se empeñó en intentar organizarse. Una sola gota de agua en vaso rebosante, propiciará el derramamiento líquido. Sin remedio.

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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