Nóos, qué precios

Los Duques de PalmaEntre convenios y patrocinios, la fundación presidida por Iñaki Urdangarín -Instituto Nóos- facturó alrededor de cinco millones de euros en apenas dos años. De comprobarse que este dinero acabó en sociedades mercantiles gestionadas por el yerno del Rey y su hija, la Infanta Cristina, a don Juan Carlos le habrían salido dos esbeltos pinos en su real tripa.

Demasiado dinero para una fundación “sin ánimo de lucro”. Porque así habría de haberse comportado el Instituto Nóos, como una especie de ONG destinada a gestionar proyectos sociales, y no a inflar facturas para que los listillos de turno se llenaran los bolsillos con dinero público.

Iñaki Urdangarín y su socio Diego Torres presidían juntos el Instituto que curiosamente llevaba el nombre de una consultoría del Duque de Palma, creada dos años antes de que éste pasara a ocupar la presidencia de dicha institución. También fue a partir de este momento cuando el Instituto Nóos empezó a facturar y, tal vez para recuperar el tiempo perdido, las facturas presentadas al Govern balear y a la Generalitat valenciana -dos de sus principales clientes- son verdaderamente insultantes.

Aún en caso de demostrarse que todas las transacciones se hicieron dentro de los márgenes de la legalidad, Torres y Urdangarín inflaron esas facturas hasta rozar el absurdo y, como la avaricia rompe el saco, por algún lado se les empezó a caer la ‘calderilla’ que se había guardado en la ‘saca’, un entramado de sociedades mercantiles controladas por ellos.

Por si no fuera suficiente, una parte de los costes de organización de los eventos que gestionaba el Instituto Nóos para las instituciones públicas era financiada con inversiones privadas, de lo que se deduce que en determinados casos, la ‘ONG’ del yerno del Rey llegó a cobrar dos veces por el mismo ‘trabajo’. Un disparate.

Por otro lado, habría que ver cómo se firmaron los convenios con la Administración pública, porque ésta no puede suscribir contratos con instituciones privadas -aunque sean “sin ánimo de lucro”, como el Instituto Nóos- a menos que se demuestre que eran los únicos que podían ofrecer estos servicios. En cualquier otro supuesto, la elección habría de ser sometida a concurso público antes de utilizar el ya conocido método de la “dedocracia”, que en este país tiene tanta fuerza para convertirte en monarca como para hacerte ladrón.

Ahora solo falta saber a dónde conducirá todo esto, porque hasta la Infanta Cristina, esposa de Urdangarín, podría verse salpicada con el escándalo ya que una parte de los beneficios de Nóos fue desviada a una empresa de la que es titular con su marido al 50 por ciento. De momento, la Casa Real no hace declaraciones, porque “la Justicia tiene que seguir su curso”. Pero ya sabemos que eso de que “la Justicia es igual para todos” no es cierto, de manera que el curso de los acontecimientos no depende tanto de los trapos sucios que salgan a la luz como de la velocidad con la que los vayan limpiando.

El Instituto Nóos ya no aparece como parte de la biografía que la Casa Real publica de Urdangarín en su página web. Por lo que pueda pasar, lo mejor es desvincular este invento -supuestamente sin ánimo de lucro- de la trayectoria del apuesto y bondadoso deportista olímpico. También es cierto que el yerno de don Juan Carlos es inocente hasta que se demuestre lo contrario, lo cual en ningún caso justifica los cientos de miles de euros que se embolsó por el diseño de dos jornadas de conferencias: 145.000 euros por unos servicios que, paralelamente, el Instituto Nóos contrató a una empresa catalana por apenas 34.000 euros. Un negocio redondo.

Parece que al Rey se le va a ir borrando la sonrisa bonachona con tanto disgusto…

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Vagabundo Pérez

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