No te fíes ni de tu sombra

SombraTan inherente al ser humano como sus propios temores. La sombra es una parte inseparable de nosotros mismos que nos acompaña adondequiera que vayamos, aunque según la tradición literaria y cultural, muchas veces no sólo va con nosotros sino contra nosotros…

Las peculiaridades de esta forma que seguimos siendo nosotros pero que está fuera de nosotros han sido el origen de numerosas supersticiones, relatos y mitos a lo largo de la historia. Gran parte de estas fabulaciones están estrechamente relacionadas con la muerte. Son muchas las culturas que ven en la sombra una proyección del alma de las personas. No es de extrañar que, en base a esto, en la Europa medieval se creyera, por ejemplo, que al morir la sombra se alejaba del cuerpo para alcanzar la otra vida. Si no lo lograba, la sombra se veía obligada a retornar a su antiguo cuerpo, que quedaba convertido en una suerte de vampiro.

Y hablando de vampiros, estos también recurrían a las sombras para atrapar a sus víctimas. Al parecer, acorralaban esta proyección contra la pared y conseguían inmovilizarla para luego tomar posesión del cuerpo de su dueño.

El alma y la sombra han estado siempre asociadas, incluso en algunas tribus africanas que tenían miedo a perderla si transitaban bajo el sol de mediodía, o aventurándose en una caminata en mitad de la noche. También en Europa se extendió la creencia de que seres maléficos podían arrebatarte la sombra, algo tan grave como que te arrancaran una parte de tu propio ser.

También en la Literatura la sombra ha iluminado importantes historias. Desde la leyenda medieval de La sombra de Teófilo, en la que a través de un pacto la sombra -el alma- era vendida al diablo -como en Fausto-, hasta una versión más infantil de cómo la sombra puede tener vida propia, tal como sucedía en Peter Pan. También la sombra ha sido la protagonista de algunas fábulas, perdiendo su carácter oscuro para dar un poco de luz a la condición humana. Esto sucede en historias como la de Juan sin miedo o la fábula de El asno y su sombra, de Esopo.

Pero para sombras que dan auténtico miedo, las de los relatos de Edgar Allan Poe, en los que esta oscuridad no es más que la terrible presencia de la muerte. También Benito Pérez Galdós y Oscar Wilde sucumbieron a los encantos de esta oscuridad para escribir La sombra y El pescador y su alma, respectivamente. Dos relatos que ahondan en la conciencia y parecen psicoanalizar los deseos más ocultos del alma humana.

La presencia o ausencia de la sombra como símbolo de buenos y malos augurios es un elemento común en prácticamente todas las culturas. Y es que algo de mágico debe de tener esa otra silueta del mundo, pues refleja que allí donde hay luz hay también un lado oscuro.

 

 

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