‘No puedes detener mi alma, ni siquiera mi cuerpo’

Apolonio de TianaApolonio de Tiana, profeta de un nuevo orden de paz, fue para muchos ‘el segundo Jesús’.

Su historia se conoce a través del texto biográfico que la emperatriz Julia Domna mandó a escribir en el siglo II. En esta biografía, atribuida a Filóstrato, se cuenta que Apolonio de Tiana habría nacido hacia el año 4 a. de C en la región turca de Capadocia, concretamente en la localidad de Tiana.

Su concepción fue también de origen divino: Apolonio fue engendrado después de un sueño místico de su madre. Tal vez por este motivo no es de extrañas que Apolonio de Tiana dedicara su vida a cuestiones de carácter espiritual, sobre todo a raíz de la muerte de su padre, del que heredó una gran fortuna que fue donada en su totalidad ya que quería dedicarse la vida ascética y recorrer el mundo para predicar su mensaje de amor a la libertad.

Fue discípulo de Pitágoras, quien le inculcó las ideas revolucionarias que más tarde daría a conocer. También se le atribuyen algunos milagros que van desde la resurrección de los muertos y sanación de los enfermos hasta hacer desaparecer plagas en las zonas afectadas. El caso es que el joven Apolonio caminaba descalzo, era vegetariano y vestía siempre con una túnica blanca, además de predicar mensajes de paz y amor que no eran del agrado de los mandatarios de la época, más si se tiene en cuenta que con su forma de vida sencilla se había ganado una gran cantidad de discípulos.

Así que finalmente fue detenido en Roma, por conspiración contra Domiciano y sacrilegio. Le ofrecieron confesarse culpable de aquellos hechos, pero él se negó. Fue ante el tribunal que le juzgaba cuando Apolonio de Tiana pronunció su famosa frase: “No puedes detener mi alma, ni siquiera mi cuerpo”, y allí mismo se desvaneció, alimentando su leyenda con un nuevo pasaje milagroso.

A partir de entonces, poco se sabe de Apolonio. Desapareció durante mucho tiempo y continuó obrando milagros por el mundo y conociendo a personajes de gran relevancia. Sin embargo, no conoció nunca a Jesús de Nazaret, con quien a menudo se le compara por la gran similitud de sus biografías.

Parece ser que Apolonio de Tiana murió en Creta y, según Filóstrato, en unas circunstancias muy particulares. El místico se habría dirigido a un templo custodiado por feroces perros que no le atacaron a su llegada sino que le dejaron vía libre para que atravesara las puertas que se abrían ante él. Un coro celestial lo esperaba en el interior del templo y lo acompañaba durante su ascenso al cielo. Sin embargo, no sería aquél el final del místico que, según varios testigos, habría sido visto en otras zonas después de su muerte.

 

 

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