No hagas un vídeo, por favor

Si para encontrar trabajo tienes que salir en YouTube cantando tu curriculum, es que la cosa está peor de lo que pensábamos.

El que canta, su mal espanta. Eso dice el refranero popular. Pero los males de la crisis española no se eliminan meneando el rabo, como hacen las vacas para quitarse de encima a las moscas. Nuestras moscas y nuestros males son más pesados, más insistentes, menos volátiles. Hace falta más que una buena canción, que un buen rabo –con perdón-, e incluso mucho más que un buen curriculum. Hace falta incluso algo más que buenas intenciones o esperanzas de futuro.

Los ejemplos que pretenden inculcarnos los medios de comunicación –y especialmente la televisión- son mucho más dañinos que las ilusiones infundadas con las que muchos de nosotros nos levantamos cada día pensando en que las cosas van a cambiar. Antes te dabas cuenta de que te hacías viejo cuando veías que tus amigos se iban casando y tenían hijos. Cuando todo aquello que parecía que a ti ‘no te tocaba’ de repente se colaba en tu vida como algo natural. Ahora te das cuenta de que te haces viejo cuando el tiempo pasa sin que lo que has aprendido tenga una aplicación directa en tu día a día, cuando lo que has estudiado se queda obsoleto y las escasas ofertas de empleo con las que te encuentras aparecen repletas de neologismos y siglas que no sabes a qué se refieren. Entonces, no solo te has hecho viejo, sino que has perdido el tren.

Muchos, en un intento desesperado por no quedarse dormidos en un banco de la estación, han tenido la original ideal –original la primera, la segunda, acaso la tercera vez…- de componer una canción con su curriculum, hacer un vídeo y subirlo a YouTube. Dicen que alguno que otro ha tenido suerte –habría que verlos de aquí a unos meses-, pero la verdad es que cada vez que veo uno de estos vídeos me entra tal tristeza que me dan ganas de tirarme a las vías de ese tren imaginario.

No es de extrañar que con los payasos que nos gobiernan, también nuestra competitividad como trabajadores se haya convertido en una cuestión mediática. Antes la salida más fácil era participar en un reality show, pero ahora que las cosas están tan mal para todos, hasta los famosetes de medio pelo y los ex políticos sin honor se han colado en la programación basura. Pero no importa porque, puestos a despojarnos de lo poco que nos queda de orgullo y autoestima, por qué no grabarnos en vídeo y airear con ‘humor’ que somos personas cualificadas, con experiencia, con ilusiones, con ganas de hacer algo que valga la pena y en busca de una oportunidad que no va a pasar por aquí, porque este tren ya no acepta pasajeros.  ¿No es bastante con que tenga una licenciatura, un master y hable tres idiomas? ¿No es suficiente con aceptar un ‘de lo que sea’ porque ya no se nos ocurre dónde buscar? ¿No es lo suficiente frustrante y doloroso como para que ahora encima nos animen a rebajarnos de esta manera?

Eso mismo que usted siente ahí cada mediodía, en la boca del estómago, no es acidez. Es que la tele lleva demasiado tiempo encendida, intentando convencerle de que ‘el trabajo dignifica’.

 

Vagabundo Pérez

vagabundoperez.blogspot.com

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