No es país para jóvenes

EstudiantesEl nivel de desempleo juvenil en España duplica la media europea. Mientras que en el continente la tasa de desempleo de este colectivo ronda el 20 por ciento, en nuestro país más del 40 por ciento de los jóvenes económicamente activos no logra encontrar trabajo.

Con formación, sin garantías laborales y con unas expectativas económicas que, en cualquier caso, serán un 40 por ciento inferiores a las de un adulto. La precariedad y la temporalidad laboral de los jóvenes españoles se ha convertido en un tema tan manido que, a pesar de constituir una parte destacada de la actualidad nacional, ha dejado de sorprendernos.

Lejos queda aquella época en la que se oía hablar de “mileuristas”. Los jóvenes españoles no aspiran a nóminas de cuatro cifras. Es más, aquellos que aspiran a tener una nómina, un contrato aceptable y unas condiciones laborales decentes, son más bien unos ilusos. Encontrar un puesto de trabajo hoy en día es una auténtica cruzada, sobre todo desde que los títulos, la formación y la experiencia han dejado de ser un salvoconducto.

Los “ochocientoseuristas” de ahora son castigados, como se castigaba a los que se portaban mal en clase y eran enviados a una esquina, a ponerse el capirote y las orejas de burro. Así están los jóvenes españoles en la escuela europea: al fondo del aula y de cara a la pared. Tan aburridos que ni siquiera les queda ganas de rebelarse. Se han convertido en viejos prematuros, viejos sin aspiraciones, sin motivación, con demasiados años de cotización aún por recorrer si quieren ganar la carrera de unas pensiones no aseguradas.

Si yo fuera un veinteañero y me tocara vivir el contexto histórico y económico en el que se están llevando a cabo las actuales reformas económicas de nuestro país, me tiraría de un puente. O eso o me iría a Alemania, donde al parecer nuestros vecinos están dispuestos a recibirnos con mejores expectativas laborales. Qué bueno que el Gobierno Español invierta dinero en formar a futuros emigrantes forzosos. Acabar la carrera para que te den el título y la patada, para que uno se vaya directo al paro o a unas prácticas no remuneradas con las que sacarle las castañas del fuego a una empresa que valora tu trabajo al nivel de un monito.

España ha envejecido. Es un país senil, un país de alzheimer, de arrugas y desmotivación. Un lugar que nos hace olvidar con demasiada rapidez que se han perdido más de 4.300 empleos diarios durante el pasado mes de enero. Éste no es país para jóvenes y en el futuro tampoco lo será para viejos. Es sólo el cementerio de una generación perdida para el empleo. Tierra en la que ya no crece nada, ni la esperanza.

Vagabundo Pérez

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