No entiendo nada

Carlos Castañosa

No entiendo nada de lo que me cuentan y leo sobre las “tasas aeroportuarias” y su relación con el turismo en Canarias.

Desde mi conocimiento a bote pronto, las tarifas publicadas por AENA están contenidas en un articulado de 27 puntos en los que se contemplan los precios (elevados – eso sí – como corresponde a la inmunidad de un monopolio puro y duro) de los servicios y uso de las instalaciones aeroportuarias, desde la “tasa de aterrizaje” hasta el alquiler de las “explotaciones comerciales”, pasando por el suministro de energía (400 HZ), combustible, servicio contra incendios o el canon de publicidad,  por filmaciones o grabaciones en la terminal, etc.

Se aplica, desde siempre, un tratamiento especial a Baleares, Canarias .y Melilla, con una sustanciosa rebaja en  las tasas de aterrizaje exclusivamente.

Cuando aquí se habla de “bonificaciones” y/o “reducción de tasas aeroportuarias”, por favor, que alguien explique sobre qué conceptos de los 27 contemplados en la guía de AENA se aplica, en qué porcentaje y/o cuantía se compromete o se concede tal rebaja y, sobre todo, quién se beneficia del dadivoso gesto.

Es de temer que, con el pretexto de incrementar la afluencia de turistas y de incentivar a determinadas compañías aéreas para que traigan muchos aquí, se esté aplicando  un sistema de “subvenciones oficiales”, en cuyo caso entrarían en juego una serie de consideraciones morales que quizá no quepan en el concepto ético de una gestión política al uso.

Hay directrices en las que se admite el incentivo inicial de subvencionar a pequeñas empresas aéreas que abran nuevos mercados en aeropuertos regionales de reciente creación. Y dichas ayudas pueden prolongarse un máximo de tres años, tiempo calculado para que se consolide un proyecto operativo más o menos firme.

Desde la irrupción del ‘low cost’ se ha producido, en diversas Autonomías del Estado español, un fenómeno pernicioso que, en los países de nuestro entorno, se ha erradicado con firmeza desde un principio.

Aquí, en España, una empresa extranjera puede acceder a operar en el aeropuerto principal de tal Comunidad Autónoma previo compromiso de una subvención que se le concede frívolamente por falta de conocimiento de los gestores políticos locales, quienes habitualmente no tienen ni idea de cómo funciona esto, pero les interesa ponerse la medalla de una aparentemente astuta y brillante operación ante sus votantes. Una vez consolidada una ruta, o varias, aparece el “chantaje” del foráneo “O me das más pasta, o me largo”. El responsable político tiene que tragar de nuevo, pero a escondidas de los ciudadanos, pues no puede explicarles que ha tenido que “sobornar” al empresario para disimular la propia ignorancia y su fracaso. Porque la compañía seguirá trayendo y llevando a viajeros y turistas baratos, al bajo coste de la mitad de precio; pero será a costa de los contribuyentes locales que, con sus impuestos, pagarán la “subvención” y con ella, la otra mitad del billete de cada pasajero. Se propicia, además, una competencia desleal a favor de la compañía infractora, en detrimento de otras más cercanas que sufren el acoso salvaje de una Administración implacable con  ellas. Y algunas  terminan desapareciendo.

Vincular en Canarias el éxito de la afluencia actual de turistas a la “reducción de tasas” es, cuanto menos, una falta de transparencia y un desvío informativo para la opinión pública. Porque evidente es que la precaria situación geopolítica del norte de África ha favorecido coyunturalmente que turistas europeos elijan masivamente nuestras islas para sus vacaciones. Amén de otros condicionantes económicos que favorecen una coyuntura que debiera consolidarse con la fidelización de los visitantes y  creación de puestos de trabajo vinculados al turismo.

Parece tontería “bonificar” a compañías que vendrían igual y con el mismo número de pasajeros, porque son las primeras interesadas, en comandita con los tour operadores,  en rentabilizar su operación hacia lugares favorables y sin conflictividad.
El énfasis mediático que últimamente se ha desplegado con las dichosas tasas no tiene más sentido que el desconocimiento inducido por declaraciones institucionales,  donde la falta de transparencia puede confundir a cualquier  incauto.
El esfuerzo retórico de nuestros responsables políticos debiera centrarse con firmeza en la reivindicación de la autogestión aeroportuaria mediante la transferencia de competencias sobre los ocho aeropuertos del archipiélago. Aparte de un buen negocio, se acabaría con la especulación de las “tasas”, pues se podrían controlar desde casa… y con transparencia.

¿Y qué tal un tour operador canario? Dejémonos de especular con tonterías y  descentrémonos. (¿Será por ideas…?)

 

 

http://elrincondelbonzo.blogspot.com/

 

 

Carlos Castañosa

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