Network

NetworkEl otro día le preguntaban a Eduardo Punset en un programa de televisión algo acerca de Belén Estéban. El divulgador científico respondió: ¿Quién es Belén Estéban? Es posible que este simpático y brillante señor no supiera realmente quién es esta princesa de barrio. Aunque también es posible que le diera vergüenza reconocer su existencia.

Bienvenidos al mágico mundo de la tele. Pasen y vean. Por Internet, en grueso aparato o en plasma-folio a juego con el sofá. Todo está allí dentro. Lo que no está en la tele, no ocurre. Sin embargo, yo y usted ocurrimos, y aparentemente no estamos en la tele. Aparentemente.

La televisión se ha vuelto tan importante en las vidas de muchos, de tantos… Que me estoy empezando a preguntar si quizás nosotros no seamos más que una ilusión y que la vida llamémosla real está detrás de la pantalla. Quizás sean ellos los únicos que existan. Esa pueda que sea la razón por la que muchos desprecian tanto su vida, me doy cuenta cuando cada vez que escucho de forma casual una conversación en la calle o en un bar, en un alto porcentaje de ocasiones la charla gira en torno a un programa de televisión. A mí personalmente esto me produce más miedo que el advenimiento del anti-cristo. En ese real mundo todo sería un enorme multi-decorado donde los personajes y personajillos varios hablarían, criticarían y expondrían ante un mundo virtual de seres creados por ellos para satisfacer sus egos. Sería un juego bastante estúpido en el fondo. Pero si hablamos de creaciones estúpidas para satisfacer egos… En fin, no me tiren de la lengua.

Por fin he visto Network, la película de 1976 dirigida por Sidney Lumet con guión de Paddy Chayefsky que habla de manera magistral del mundo de las audiencias televisivas. Se trata de una de esas películas necesarias, que cumplen esa función catártica de poner sobre la mesa un fenómeno de magnitud social verdaderamente importante.

Hoy en día existe una cierta conciencia en algunos acerca de lo vergonzante que es el fenómeno televisivo, así que muchos de esos optan por no ver la tele o, probablemente en la mayoría de los casos, por decir que no ven la tele. Ya saben, aquello de “sólo veo los documentales de la 2”, lo que convierte a este país en un país lleno de naturalistas. Es curioso que no escuche demasiadas conversaciones en las calles y en los bares sobre la reproducción del cuclillo o las luchas de poder entre los elefantes marinos. Ha de deberse a la tan conocida timidez de los naturalistas aficionados.

Una de los aspectos más potentes de Network y que, como todo gran guión, no está en modo alguno verbalizado, es que uno puede deducir que la tele no es mala, son malos algunos de los que la hacen. Por otra parte, la manipulación de la realidad siempre ha existido pero los instrumentos para manipular con un alcance tan enorme no existían. Hasta que llegó la tele.

Los programas que concibe el magnífico personaje que encarna la prodigiosa Faye Dunaway son absolutamente delirantes, como delirante es la realidad televisiva que vivimos hoy en día, de la que me estoy alejando de forma prácticamente total. Y no, tampoco veo los documentales de la 2. Hubo un tiempo en que sí los veía. En fin, a mí me parecía delirante que los concursantes de Gran Hermano se llamaran entre ellos “grandes hermanos” creyendo al parecer que ese era el sentido del título del programa y desconociendo que el término procede de la novela 1984 de George Orwell en la que el Gran Hermano lo controlaba todo bajo la técnica aplastante del control total de la información y de las vidas de los habitantes. Es paradójico y ciertamente desolador a mi juicio que alguien cuya vida cambia totalmente al pasar por un programa televisivo desconozca el origen, tan importante aquí, del nombre de ese programa. Y por supuesto no es culpa de ellos, probablemente la mayoría de la gente no se ha leído la novela como yo no he leído otras obras importantes. Pero, coño, alguien se lo podía haber dicho. La vida en directo, dicen. Ya.

En fin, volviendo a la película. Quizás podríamos calificarla de cine social a pesar de no verse jóvenes drogándose en los baños de las discotecas, ni adolescentes embarazadas ni mendigos ni skin heads ni pateras ni huelgas de trabajadores. Abarca un fenómeno de manipulación social mucho más sutil de lo que creemos, uno de los fenómenos sociales de más calado de todos los creados en la historia de la humanidad y lo hace además con naturalidad, sin verborrea, dándole importancia desde el guión y la dirección a todos los aspectos que conducen a la creación de una obra grande: trama, personajes, puesta en escena, estructura, interpretaciones, casting.

Qué grande era Chayefsky, qué grande sigue siendo Lumet, qué grande Dunaway. Y entre todos nos muestran qué grande es la tele. Y qué pequeña.

 

 

Alberto García

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