Mundo corto

Paris Je t'aimeUn cortometraje es como… un café solo y humeante. Una copa de vino. Un beso. Podría continuar el tópico añadiendo que un corto equivale a un relato literario y que una buena fragancia se guarda en un bote pequeño, pero sería sólo eso, una lista de tópicos.
El cortometraje per se no es mejor que el largometraje, aunque en el mundillo cinéfilo-intelectual parece que es una idea no expresada pero muy extendida. Una idea muy cool. La realidad es que un corto puede ser tan malo como un largo. Aunque hay que reconocerle una ventaja: el sufrimiento dura menos.

Hubo un tiempo, en mi primera juventud, cuando me metí en este corto mundo y cuando había menos subvenciones o yo no las veía, en que llegué a la conclusión de que los faltos de talento para la escritura cinematográfica (corta) o bien escribían historias surrealistas (sin saber muy bien lo que eso significa) o bien historias de contenido social. Ahora que estoy en mi segunda juventud observo que ya no hay tantas historias surrealistas pero siguen abundando las de temática social. La tan popular emigración y el maltrato a la mujer son dos de las más extendidas, desbancando del podio a las de yonquis y putas. Yo nunca he sido muy admirador ni de las historias surrealistas ni de las de temática social, simplemente porque son dos géneros tan difíciles que el noventa por ciento de los autores que las acometen no tienen ni idea de cómo hacerlo. Quizás es que no han visto El ángel exterminador  o Lloviendo piedras. O quizá las vieron pero no las entendieron.

Por otro lado está la moda de que los directores consagrados se pongan a rodar cortometrajes. Y aquí sucede como en todo: algunos saben hacerlo y otros no. Es curioso, pero el hecho de saber hacer un largometraje no garantiza saber hacer un corto.

Todo este discursillo para reivindicar un cortometraje. El mejor corto que he visto en mi vida (quizá no tanto y mi memoria me esté fallando, pero sin una sentencia tan grandilocuente el efecto pierde fuerza) es un corto que forma parte de la película Paris Je t’aime y creo que está firmado por Walter Salles, lo cual no voy a contrastar por pura pereza y además así no rompo con la línea pedante de este artículo. El corto en cuestión cuyo título tampoco voy a buscar por los mismos motivos es el de la joven que deja a su bebé en una guardería para ir a… y no voy a desvelar más para el que no lo haya visto, porque aunque me puedo poner pedante tengo una alto sentido ético.
Ese guión tiene la idea más perfecta (si es que los “grados” existen en cuestión de “perfecciones”) que yo haya visto para una historia corta. Y es social. Increíblemente social. Pero no cae en tópicos. Lo dice todo sin parloteos, con imágenes, abusando inteligentemente de nuestra paciencia, con un cuidado extremo en la dirección de actores. Es simplemente perfecto.

Yo nunca he escrito una historia de compromiso social.
Ojalá hubiera escrito esa.

Alberto García

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