‘Múltiple’

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Múltiple

La identidad es un concepto complejo que no siempre tiene por qué ser unívoco

La última película de M. Night Shyamalan recupera lo mejor de los grandes suspenses creados por el director. Aunque no llega a estar a la altura de El Bosque o El sexto sentido, Múltiple es una película que sigue en la línea de La visita, manteniéndose en el límite entre el terror y el thriller y generando esas situaciones de tensión insostenible que deleitan a los fans del director.

En esta nueva propuesta el cineasta retoma el tema de la identidad que en cierto modo ya había tocado en La visita para presentarnos a un personaje, Kevin, (James McAvoy: Trance, Filth el sucio) con trastorno de la personalidad que divide su mente en 23 compartimentos diferentes. Cada uno de ellos es una persona con su historia particular, sus fobias, sus complejos, sus objetivos… Gracias a la ayuda de la Dra. Fletcher (Betty Buckley: El Incidente), Kevin consigue mantener un equilibrio entre sus diferentes personalidades hasta que un día se produce una especie de conspiración en su interior que busca que la identidad número 24, las más sorprendente de todas ellas, sea revelada.

El estigma del sufrimiento como punto de partida en ‘Múltiple’

Como suele pasar con las mejores películas de la filmografía de M. Night Shyamalan, Múltiple nos presenta una doble lectura del argumento. Por un lado tenemos la trama en sí, con una buena narrativa y un ritmo que en alguna ocasión parece tropezar pero que de manera general se mantiene bastante alto, con un arranque y un desenlace que son verdaderamente impactantes.

Por otro lado y más allá de la acción en sí está la lectura que el cineasta quiere hacer de la hipótesis que nos presenta y que va más allá del tema de la identidad y de la constante búsqueda del equilibrio. Éste no sería más que el pretexto para hablar de otro tema, el que subyace en cada línea de la película: el sufrimiento.

Los dos personajes protagonistas de esta cinta son personajes que pos algún motivo han sufrido y siguen sufriendo. Cada uno de ellos carga, a su manera, con el estigma de su dolor y lo esconde bajo la ropa o en múltiples personalidades, o a varios metros bajo tierra. Es el miedo, la vergüenza, el temor a ser diferentes. Lo que Múltiple nos enseña es que ese sufrimiento a veces no sólo realimenta sentimientos de culpa sino de venganza. Y la venganza, cuando al fin decide manifestarse, en cualquiera de sus identidades, siempre esconde algo de oscuridad.

 

 

Celina Ranz Santana

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