‘Montar el cirio’

Entre las distintas acepciones de la palabra crisis, las circunstancias por las que ha atravesado la sociedad civil en los últimos años han hecho que se haya aceptado su semántica en un sentido inevitablemente negativo.

La crisis pasó de ser un tabú, hasta el punto que se inventaron todo tipo de eufemismos para eludir pronunciar el fatídico término como si de una blasfemia se tratara, a ser de los titulares de prensa más repetidos.

Pero este escenario de crisis económica ha dado lugar también a todo tipo de situaciones que van desde lo trágico a lo tragicómico cuando no a lo grotesco. Recientemente la principal cadena de la televisión pública abrió uno de sus informativos con una sorprendente propuesta: «Cada vez hay más católicos que compran velas para encomendarse a los santos y por eso las cererías son uno de los negocios que resisten y muy bien a la crisis. Y es que según los psicólogos, acercarse a un altar puede ayudar a calmar la ansiedad por la falta de trabajo o por el temor a perderlo». La frivolidad de la “noticia” no pasaría de ser una imagen caricaturesca de la situación a la que no daríamos mayor importancia si no resultase ofensiva –por irrespetuosa– para los millones de personas que sufren los perniciosos efectos de la crisis, incluidos los católicos. Y no por falta de fe –que tenerla es lícito y hasta sano– sino porque el titular de apertura casi solapa los escalofriantes datos de la EPA (la Encuesta de Población Activa que revela la cifra de más de seis millones doscientos mil parados). Pero creo que estas cosas es mejor tomárselas con sentido del humor. Al cual, personalmente, atribuyo “efectos balsámicos” muchos más beneficiosos frente a los fantasmas de la crisis y a todos los jinetes del Apocalipsis que le acompañan.

Así entre las rarezas con que nos sorprenden estos tiempos está que a San Expedito al parecer “lo han rebautizado el santo de la crisis”. Aunque según hemos sabido, si bien se trata de un santo reconocido por sus fieles, no aparece en la liturgia católica y su acta de canonización no ha si sido revisada por la Iglesia. No obstante, San Expedito –haciendo loor a su nombre– lleva el título de patrono de asuntos urgentes y también abogado de causas imposibles. Aunque este último atributo lo comparte con el tándem Santa Rita – San Judas Tadeo (con lo que deducimos que deben pertenecer del mismo bufete). En fin que a raíz que hemos sabido del parecer de algunos “expertos” que atribuyen milagrosos “efectos balsámicos” al encender cirios votivos, habría que plantearse si nombrar al mentado San Expedito ministro de Economía. Seguramente, en este gabinete alguna cartera recibirían también San Judas Tadeo y Santa Rita, como abogados de causas imposibles, y no podría faltar el mismísimo San Pancracio, considerado tradicionalmente como el santo de los afligidos por la pobreza, de la fortuna y de los juegos de azar.

En cualquier caso conviene recordar a los devotos que el “san pancracio” deberá ir acompañado de una rama de perejil y una moneda de cincuenta céntimos, preferible media peseta de las de antes, con agujero en el centro (como es tradición arraigada en la Cataluña profunda). Y no olvidar tampoco ofrecer un cirio encendido a San Expedito, y puestos a encender (y por aquello de estimular el consumo del mercado de las cererías), por qué no a San Judas Tadeo y a Santa Rita. Y con tanta vela seguro que salimos de esta y sin necesidad de “montar el cirio”.

 

 

 

Luis Rivero Afonso

www.luisrivero.es

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