‘Money Monster’

Money Monster

Money Monster

El derecho a una explicación

El planteamiento de esta película dirigida por Jodie Foster (The Beaver, A casa por vacaciones) no es para nada descabellado. En algún momento todos hemos experimentado esa misma sensación de impotencia e indefensión frente a las grandes corporaciones, las entidades financieras, el Estado e incluso la propia Justicia. Money Monster rescata todos esos sentimientos tan comunes en tiempos de crisis e intenta darles una vuelta de tuercas para que el espectador se instale en la duda que de vez en cuando planea por su cabeza: “¿Qué pasaría si…?”

Money Monster: una denuncia social poco novedosa

En plena emisión en directo, el gurú de las finanzas Lee Gates (George Clooney: Tomorrowland, Gravity) es abordado por un indignado telespectador, Kyle Budwell (Jack O’Connell: Invencible, ’71) que ha perdido todos sus ahorros tras confiar en sus consejos de inversión. Kyle amenaza con hacer detonar una bomba si no recibe una respuesta acerca de lo que realmente ha sucedido para que en cuestión de un día una inversión supuestamente segura se convirtiera en una operación tan arriesgada.

La petición del protagonista es más que justa y aunque su presencia en el plató con un chaleco cargado de explosivos no deja de ser una amenaza, el presentador y la directora del programa (Julia Roberts: El secreto de una obsesión, Duplicity) intentan mantener la estabilidad de la situación y proporcionarle a Kyle una respuesta que parece bastante razonable.

Durante todo el tiempo que pasan en el plató de televisión las cámaras retransmitirán en directo lo que está sucediendo: los intentos del presentador por mantener la calma, la rabieta in crescendo del protagonista, la imposibilidad de encontrar un razonamiento lógico a los hechos denunciados por Kyle, la intervención de las fuerzas de seguridad y la empatía transitoria de los telespectadores que siguen con interés la retransmisión.

Pero a pesar de los intentos de Foster por contar una historia diferente, Money Monster no termina de convencer. No hay duda de que es una película con ritmo, lo que evita que el espectador se aburra incluso de sus reiteradas incongruencias. Pero es un pulso acelerado que no aporta nada nuevo. Una canción bailable con una coreografía que entretiene y que si en algún momento te hace pensar en algo más es sólo algo pasajero. Y a juzgar por el final de la película, tal vez ésa era precisamente la intención de Jodie Foster con esta historia que acaba prácticamente como empieza: sin apenas interés.

Celina Ranz Santana

 

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