MK-Ultra, en el interior de la mente

Escáner cerebral

Una de las armas más poderosas y más codiciadas durante la Guerra Fría era conseguir controlar la mente humana para someterla a las órdenes de otra persona.

Por eso, a partir de la década de los 50, tanto los estadounidenses como los rusos se esmeraron en la obtención de un proceso con el que modificar la conducta de las personas. Para ello, se sometió a experimentos a soldados y a civiles, muchos de ellos mendigos que eran sacados de la calle con la seguridad de que nadie iba a denunciar su desaparición ni lo que pudiera sucederles durante las pruebas.

MK-Ultra fue uno de los experimentos con mayor trascendencia en este campo. De hecho, fue el resultado de otros programas de ‘lavado de cerebro’ que venían desarrollándose con anterioridad, en el período de entreguerras: el proyecto Bluebird pasó a convertirse en el Artichoke, y ambos podrían considerarse los predecesores del MK-Ultra, que se inició oficialmente el 13 de abril de 1953 como respuesta a los métodos que se habían utilizado en soldados estadounidenses durante la Guerra de Corea. En este sentido, el mérito fue de los norcoreanos, pioneros en practicar el sistema de ‘despersonalización’ del individuo para que éste analizara la realidad siguiendo pautas lógicas pero a partir de un punto de vista erróneo impuesto por el propio proceso.

La CIA fue la impulsora de este programa de experimentación con seres humanos en el que participaron numerosos científicos, universidades e institutos tecnológicos de prestigio. Y es que con el MK-Ultra estaban diseñando la forma de ganar la Guerra Fría, con un arma limpia y anónima: la mente.

Durante los experimentos que formaban parte de este programa, la CIA experimentó con drogas psicodélicas, barbitúricos, anfetaminas y otro tipo de sustancias que ayudaban a alterar la conciencia de los sujetos sometidos a estudio. Fue una inversión millonaria -casi el 10 por ciento de los fondos de la CIA se destinaban exclusivamente a la financiación de este proyecto- que se saldó con la vida y la salud mental de muchas personas.

Entre los objetos de estudio, había de todo. Desde agentes de la CIA y militares que se sometían voluntariamente a estos experimentos, hasta civiles secuestrados en las calles -vagabundos, prostitutas y toxicómanos- que no habían dado su consentimiento para la experimentación. Con todo, el escándalo tardó dos décadas en salir a la luz.

En 1975, ante la presión de las investigaciones que se llevaron a cabo en torno a la misteriosa muerte de Frank Olson -un científico estadounidense que trabajaba para el Gobierno en temas de guerra biológica y que presuntamente se suicidó- el Gobierno estadounidense tuvo que admitir que se habían estado realizando pruebas con drogas muy potentes y que Olson había recibido grandes dosis de LSD sin su consentimiento. La familia aceptó un arreglo extrajudicial del Gobierno y una indemnización millonaria. Años después, tras la exhumación del cadáver de Olson, se descubrió que las lesiones del cuerpo se habían producido después de la muerte y que, por lo tanto, quedaba desestimada la hipótesis de un suicidio. En 2002 la familia de Olson realizó una declaración pública acusando al Gobierno de los EE.UU de haber mentido a los ciudadanos y de haber sido el asesino del científico.

A pesar de ser el caso más sonado y el que dio lugar a que se conocieran estos experimentos muchos años después de que comenzaran a hacerse, el proyecto MK-Ultra se cobró la vida de muchas otras personas que permanecen en el anonimato y que fueron víctimas de una carrera armamentística en lo más inhumano de la ciencia.

 

 

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