Mirin Dajo, ‘el hombre fantástico’

Mirin DajoEste faquir de origen holandés escogió con acierto su nombre, que en esperanto significa ‘hombre fantástico’. Y es que pocas personas en el mundo pueden presumir de tragar cristales y cuchillas de afeitar o atravesarse el cuerpo con objetos punzantes sin sufrir daños.

Al menos, aparentemente. Porque lo cierto es que Mirin Dajo murió por una perforación en la aorta después de haberse tragado una aguja de acero, aunque este hecho es también la prueba de que en sus espectáculos no había ningún truco.

Mirin Dajo, ‘el hombre fantástico’, tenía esa capacidad sobrenatural para soportar que un objeto punzante le atravesara el torso o que unas afiladas cuchillas bajaran por su garganta. Aparentemente, este faquir que se autoconsideraba también un profeta, aseguraba que Dios le había dotado con aquel don con el propósito de que transmitiera al mundo su mensaje de paz.

Se llamaba Arnold Gerrit Henske y nació en Holanda el 6 de agosto de 1912. Pero a los 33 años abandonó su vida en Rotterdam para entregarse a la misión divina que según él le había sido encomendada. Cambió de nombre por el de Mirin Dajo –‘fantástico’ en esperanto- y al parecer solicitó una autorización médica, concedida por doctores de la Universidad de Leiden, para poder realizar sus espectáculos. Su invulnerabilidad alcanzó fama mundial –no así su mensaje de paz que animaba a los espectadores a abandonar su visión materialista del mundo- y sus ‘espectáculos’ fueron analizados de cerca por numerosos científicos sin que se obtuvieran pruebas evidentes de que se trataba de un truco. La teoría más extendida acerca de esta capacidad es que en el cuerpo de Mirin Dajo existían ‘conductos artificiales’ por los que podían pasar esos objetos punzantes sin que ni siquiera le provocaran heridas ni sangrado.

Con el tiempo, Mirin Dajo tuvo que abandonar la parte de ‘predicador’ para poder seguir actuando, aunque el faquir aseguraba que siempre seguía la ‘llamada interior’, que era la que le decía lo que tenía que hacer. El 11 de mayo de 1948 esa llamada le había dicho que se tragara una aguja de acero que dos días más tarde le tuvo que ser extraída mediante una operación quirúrgica. Este percance le dejaría secuelas, pero éstas no se harían visibles hasta 10 días más tarde, cuando falleció como consecuencia de una perforación en la arteria aorta. Su asistente, Jan Dirk de Groot, mantuvo hasta el final la versión de que había entrado en un ‘trance’ del que nunca más regresaría.

 

 

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