Mírate al espejo

Valla con Manolo ArtilesLa televisión en Canarias es una basura. Pero pocas veces el oficio de periodista nos ofrece la oportunidad de decir sin tapujos aquello que uno cree justo y necesario. Justo porque, antes de ser periodista, uno es persona. Necesario porque, como escribía Graham Greene en El americano impasible, “llegado el momento, tienes que posicionarte para seguir siendo humano”.

No es la edad, ni la experiencia, ni tan siquiera el hecho de que después de varios desengaños con esta profesión me importe cada vez menos lo que se cuece en los medios nacionales y mucho menos en los regionales. Queda mal que lo diga un periodista -uno de verdad, de los de título y años de experiencia, con muchas ideas en la cabeza y pocos pelos en la lengua- pero he perdido el interés por la información, o por eso que llaman información y que en cambio consiste en dorarse la píldora unos a otros o en tirarse los tratos a la cabeza. Dos posiciones opuestas que comparten una característica en común: siempre hay alguien que pone el culo y alguien que pone la nariz. El problema es que una vez que has comido mierda, es difícil recuperar el buen aliento.

Yo me enorgullezco de poder respirar -que no es poco- el escaso aire limpio que queda fuera de los platós y las redacciones de peluqueras y maquilladores de muertos. Ese aire enrarecido que cada día de trabajo parece susurrarte “tienes que pasar por el aro”. Y así, pasando por el aro, resulta que los medios de comunicación en Canarias son un espectáculo de saltimbanquis que se ponen a caldo unos a otros y que olvidan con demasiada facilidad que en la ‘Sociedad de la Información’ las palabras ya no se las lleva el viento. Pero qué más da: mientras haya un micrófono abierto y alguien al otro lado del televisor, lo que uno dice es lo que hay, y no le de usted más vueltas, no vaya a ser que a los telespectadores les de por pensar y se nos vaya a pique el negocio.

Por si no tuviéramos bastante con aguantar las estupideces verbales de los magnates de la comunicación en esta “bendita tierra canaria”, sus bromas de “caca, culo, pedo, pis”, el lenguaje propio de las personas poco cultivadas y las expresiones que promueven la confusión entre la canariedad y la ignorancia, resulta que muchos de ellos se autoelevan a un grado de excelencia tal que les permite pasear su imagen por media isla en cartelones que sólo pueden reafirmar el ego de los que no tienen nada más interesante que aportar al periodismo que un bronceado artificial, unos abdominales bien definidos y algún que otro número mal ubicado en la fecha de nacimiento.

Con estos antecedentes hay quienes se atreven a opinar sobre lo que es y lo que no es un medio de comunicación, que se entretienen en cifras y en audiencias, y que cuestionan incluso la profesionalidad de los que sabemos lo que es una Facultad de Periodismo. Estos saltimbanquis son personas que antes que un buen consejo prefieren un buen piropo -aunque sea falso-, y un séquito de aduladores dispuestos a ponerles la nariz allí donde la espalda pierde su nombre.

Mírenme, mírenme a mí. Este mensaje no tendrá la trascendencia y el alcance de esos medios de comunicación que reciben subvenciones millonarias y que, a lo mejor no tienen dinero para pagar un sueldo digno a sus trabajadores, pero sí para hacerse publicidad por todos lados. Pero me conformo con escribirlo porque, como dice un anuncio de televisión, “hay cosas que no tienen precio”. Y una de ellas es mirarme al espejo cada mañana y sentirme orgulloso de todo lo que no soy.

http://vagabundoperez.blogspot.com/

Vagabundo Pérez

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