MInisterio de Igual Da

Bibiana Aído AlmagroCarlos Castañosa

“Volvemos en tantos minutos”… Consigna para darle al gatillo del mando y esquivar la metralla publicitaria. Pero casi siempre coinciden la mayoría de las cadenas en su franja horaria para disparar las mismas salvas de anuncios e intentar disuadirnos del zapping. Por lo tanto, no hay más remedio que sufrir en silencio la invasión de despropósitos que ofenden la sensibilidad social de los ciudadanos que aquí, ¡oh! seres privilegiados, gozamos de un Ministerio de Igualdad, cuya función primordial, cual su título indica, es detectar, combatir y erradicar cualquier indicio de discriminación humanitaria, con la especial dedicación de proteger a la mujer.

El fracaso de la gestión ministerial al respecto es palmario.

¿Cómo puede aceptarse que las hemorroides, el estreñimiento, las pérdidas de orina, la acumulación de gases intestinales, el pegamento de dentaduras postizas, los muslos gordos que se escuecen del roce por la parte alta, sean patrimonio femenino en exclusiva?…

Sólo aparecen damas, silenciadamente sufridas, en anuncios que proponen pomadas refrescantes para poder sentarse en una silla que parece una vitrocerámica candente; o un yogur mágico que “activia” la motilidad íntima para evitarle al ama de casa el apretón cotidiano. ¿Y que me dicen de la lavativa de un solo uso para la fémina estreñida, llevada en volandas por dos seguritas al excusado, donde liberarse de la carga interna acumulada durante días? Por no hablar de Doña Concha y las demás chicas de la cruz roja que la acompañan en su spot. Será inevitable, para el caballero que tenga que saludarlas de cerca en la vida real, aspirar inconcientemente los efluvios circundantes para comprobar que las compresas perfumadas con aloe vera son tan eficaces como promete el anunciante y que, en verdad, ningún tufillo amoniacal se percibe en la atmósfera. ¿Y esos gases de metano instalados en la zona abdominal, cuya concentración de alto riesgo, parece ser de exclusividad femenina?. ¿Acaso las ventosidades aliñadas con perfumes de fabada o coliflor, son prosa ajena al hombre?.

El colmo de la humillación para la mujer es la escena en que una señorita sale del WC con una expresión de placer infinito, con lo que sus compañeros de oficina no pueden saber si lo que se ha obrado allí dentro es lo que indica el ruido de la cisterna o ha habido un acto sublime de amor propio. Para colmo, la chiquita se marca una danza erótico festiva que deja boquiabiertos a sus colegas. Por lo menos, en el paso final, tiene el detalle de palmearse la tripilla como diciendo “Qué vacía me he quedado por dentro y que bueno es este laxante de hierbajos naturales”.

Es verdaderamente alarmante para esta Sociedad el símbolo de inutilidad que representa este análisis antropológico para un absurdo Ministerio llamado de Igualdad, pero que no iguala nada. Ni siquiera contempla a la mujer con el respeto debido. Lo suyo, parece ser el reparto de subvenciones a troche y moche. ¿Serán los promotores de esta deleznable tendencia publicitaria parte de los intelectuales que se ponen el dedo en la ceja?…De cualquier modo, todo desvío sexista es así de impresentable.

 

 

 

Carlos Castañosa

 

 

 

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