‘Micmacs’, reciclando el mundo

MicmacsCuando ser ‘diferente’ deja de ser una tara para convertirse en una habilidad, la imaginación, la amistad y lo que queda de bondad en el ser humano puede hacer que el mundo cambie.

Jean-Pierre Jeunet vuelve a la gran pantalla para someterse a las críticas de los que afirman que su cine únicamente se alimenta de éxitos anteriores. Y, ¿qué hay de malo en ello?. La fórmula funciona y la fórmula nos hace salir de la sala con una sonrisa, convencidos de que el mundo tiene solución.

Para los que quieran ver algo distinto, que se vayan a otra película, porque es evidente que Jeunet se ha especializado en el género de lo bondadosamente excéntrico, y repite esa fórmula mágica para llegarnos al corazón.

Es cierto que Micmacs no nos transporta al estado de felicidad extrema de Amélie. A pesar de que el punto de inflexión de la historia del protagonista se encuentra en el descubrimiento de un submundo habitado por personajes muy particulares, Micmacs narra una historia que, dentro de la ficción resulta menos fabulosa.

Los seguidores del director no tardarán en darse cuenta de que esta película es una mezcla entre lo desgarrador de Delicatessen y la pureza de Amèlie, películas a las que dedica algún que otro guiño, asumiendo tal vez que el hecho de tener un estilo particular no tiene por qué estar reñido con el ‘encasillamiento’.

Micmacs no deja de ser una historia nueva. Sí, narrada con ese lenguaje de una realidad al margen de la realidad, con una estética amarillenta que hace que el presente parezca algo pasado y a través de unos personajes que han convertido sus rarezas en su mejor arma para luchar contra las injusticias del mundo.

Todo empieza cuando su protagonista -el empleado de un videoclub-, recibe un tiro en la cabeza que le cambia la vida. Este acontecimiento, unido a otras circunstancias de su infancia, harán que localizar al fabricante de la bala que lleva en el cerebro se convierta en su mayor obsesión. Para llevar a cabo esta empresa contará con la ayuda de su ‘ejército bueno’: un grupo de personajes estrafalarios dispuestos a ofrecerle sus habilidades para cumplir con una loable misión.

Como trasfondo de esta historia, subyace el tema de la venta de armas, la ambición, las guerras, la corrupción… Grandes temas que en Micmacs se tratan desde una perspectiva ‘infantil’, en el mejor sentido de la palabra. El espectador tiene que rendirse ante la evidencia de que la realidad tiene una interpretación mucho más simple. Tan simple que resulta ridículo.

Tal vez por eso necesitamos creer en esa lección de cambio que nos dan los personajes de Micmacs, capaces de ‘reciclar’ el mundo a partir de lo que otros desechan, de coordinar sus rarezas y compartirlas en un proyecto común.

Sin duda, una buena película para los tiempos que corren.

Celina Ranz Santana

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