Me compadezco de los movimientos independentistas

Creo que cualquier ideología es digna de consideración por motivo de su supuesta legitimidad. Un respeto recíproco que debe serlo de ida y vuelta.

Asistimos con bastante desolación, y sensaciones de frustración colectiva, a escenas multitudinarias de pacífica agitación independista bajo los colores de la senyera. Una imagen de visceralidad y sentimentalismo; sin apariencia alguna de sentido común ni uso de razón.

Parece el resultado de un adoctrinamiento previo, quizá gestado desde la escuela primaria, distorsionando la Historia de los pueblos y su veracidad para disimular complejos ancestrales.

Infundir sentimientos de animadversión, rechazo, incluso odio hacia cualquier entorno humano es sencillo por la vulnerabilidad de la masa ante mensajes negativos, con triunfalismo dirigido a la segregación moral, social y económica.

Se confirma, en esta especie de secuencia histórica, que todo lo que toca la política se contamina y se pudre. Así se premeditan litigios lingüísticos, cuando la ciudadanía normal pasa del conflicto. O si, en el otro bando, se propugna el boicot a los productos del “enemigo”; pero la gente sigue comprando fuet, cava y, de postre, crema catalana.

El daño inferido por los intereses políticos, casi siempre ajenos a los principios y valores morales de los ciudadanos normales, puede enquistarse hasta hacerse irreversible. La calidad humana de unos y otros debiera ser inmune a estas manipulaciones sesgadas, exentas de buena fe.

La cuestionada cita de Pío Baroja: “Los nacionalismos se curan viajando” (refrendada por Unamuno: “…y los radicalismos, leyendo”), merece atención y un afectuoso análisis por la entidad de ambos autores. Cuanto menos, significa un motivo de reflexión donde encontrar sentido al concepto de usar la razón como patrón de medida.

Si no asustado, cuanto menos me sentiría preocupado y con gran inquietud al estudiar la clase de independencia a la que aspiro. Qué modelo de estado propongo. Cómo organizaría las estructuras políticas: instituciones, administración, organismos… y mediante qué leyes definiría y protegería los derechos civiles, y dónde constarían como contrato socio-político. En relaciones internacionales tendría que empezar de cero como una nación nueva, aislada en sus recientes fronteras, defendidas por tierra, mar y aire por un improvisado ejército de mossos de esquadra. La moneda oficial podría ser lapelaeslapela, con la efigie del rei Arturo en una cara y la del santo patrono Sant Jordi Pujol en la cruz, pues los nuevos dirigentes serían los mismos desaprensivos corruptos de siempre, con collares nuevos. Una república blaugrana, con tintes plataneros, sin más ilusión que la de sentirnos artificialmente libres en una jaula de limitaciones impuestas por una globalización supranacional que no se puede ignorar ni eludir.

Nadie les iba a suplicar una convivencia en equipo que no desean. Aquí no valdría la parábola del hijo pródigo, que se larga de un portazo, se lo gasta todo y luego vuelve pidiendo árnica. No se puede sembrar antipatía generalizada y pretender cosechar reconocimiento.

Casi coinciden dos territorios, salvando distancias y diferencias, con la misma o parecida reivindicación. Escocia y Cataluña, cuyas respectivas etnias suelen ser motivo tópico de chistes de avaros y tacaños; cada uno en su tierra y a su estilo. Quizá se muevan hacia el independentismo con la ilusión de hacer un buen negocio, porque la solidaridad no les parece rentable. Pero si se les plantea el elevado precio de la pretendida libertad, es muy probable la respuesta en ambos casos: “No, no. Si es pagando, no. ¡Claro!”.

Otro motivo de disuasión, el peor de todos, sería plantear en qué liga iba a jugar el Barça.

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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