‘Más allá del amor’

‘Más allá del amor’Dramón adolescente que parece no tener fin.

La película es un remake de la ochentera Amor sin fin que, haciéndole justicia al título de su antecesora, desde luego que parece una historia que no va a acabar. Lo peor no es que se trate de una historia ñoña, predecible y aburrida. Tampoco que el guión parezca hecho para una versión modosita de ‘Mujeres y hombre y viceversa’ o que las actuaciones sean las del peor episodio de ‘Al salir de clase’. Sin duda lo verdaderamente molesto de Más allá del amor es la abrumadora sucesión de topicazos: el chico humilde, huérfano de madre e hijo de un mecánico de taller, amante de los coches, a veces gamberrete pero de buen corazón y la chica pija y sobreprotegida por sus padres, con una trayectoria académica impecable pero con más de un suspenso en las relaciones con el mundo. Los amigos, chicas populares del equipo de animadoras, negros que saben bailar y cantar y que hacen gestos graciosos cuando hablan, chicos con coches descapotables y exceso de gomina. Vamos, un batiburrillo con lo peor de cada casa o, mejor dicho, lo peor de los clichés de las películas adolescentes.

En un ambiente tan rancio, no se puede hablar de amor. De amor empalagoso que, cuanto más profundo pretende ser, más insustancial se vuelve. La historia de sus dos protagonistas esta tan estigmatizada por los tópicos que ni es creíble ni se quiere creer. Cualquier intento por sorprender o por conducir el argumento hacia lo más irracional de las pasiones se queda en bostezo.

Desde luego, con el remake de Shana FesteEl mejor, Country Strong– al espectador se le quitan las ganas de ver la película de Zeffirelli de 1981 y aún más de leerse la novela de Scott Spencer en la que se inspira la historia.

 

 

Celina Ranz Santana

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