Mary King’s Close, el callejón de la muerte

Callejón de Mary King“La única calle de Edimburgo en la que nunca llueve” es un laberíntico entramado de callejones y cuartos estrechos que se sumergen bajo la piel de la ciudad. Un lugar en la penumbra en el que se ocultan los fantasmas de Edimburgo y su historia más oscura.

 

Durante la Edad Media, la población en la ciudad de Edimburgo había aumentado de tal manera que era imposible albergar a tantos ciudadanos dentro de los límites de la muralla que la circundaba. Fuera de estos muros, acechaban el peligro, la violencia y la muerte inminente. Es por eso que era preferible vivir en lo alto de la colina, protegidos de la periferia de aquella ciudad en auge. Así es que se inventaron nuevas formas de construcción para albergar a todos aquellos ciudadanos y, aprovechando el desnivel de la colina, se comenzó a construir en vertical, tanto hacia arriba como hacia abajo. Las clases pudientes podían permitirse el alquiler de un apartamento alto en plena Milla Real –principal arteria de la ciudad vieja- pero los menos favorecidos tenían que alquilar los pequeños cuartos de las zonas bajas, a los que se accedían a través de callejones –close– y es por esto que la ciudad actual está repleta de estrechos pasadizos. Uno de ellos, probablemente el más famoso de todo Edimburgo, es el Mary King’s Close –el callejón de Mary King-, conocido también como “la única calle de Edimburgo en la que nunca llueve”.

 

Nos remontamos a 1645 y a una de las peores epidemias de peste que se vivió en la ciudad. Dadas las condiciones insalubres en las que vivían los vecinos de Mary King’s Close, la peste se trasmitió con sorprendente celeridad por esta zona de Edimburgo, amenazando con extenderse pronto al resto de la ciudad si no se le ponía pronto un remedio. Y la decisión de las autoridades fue contundente: se tapiaron todos los accesos al callejón para evitar que los contagiados huyeran de sus casas. Con esta drástica solución, todos los vecinos de Mary King’s Close habían sido condenados a una muerte lenta y dolorosa.Cartel del callejón

El callejón se había convertido en una tumba en pleno centro de la ciudad. Las versiones menos extremas señalan que las autoridades hacían entrar diariamente algunas cargas de pan y vino para que los enfermos no murieran de inanición. Los que todavía no habían sido contagiados, no tardaron en sucumbir a la enfermedad que avanzaba de forma vertiginosa debido a la gran cantidad de ratas que compartían la maloliente suciedad de los vecinos del callejón. Fue tal la rapidez con la que la peste circulaba, que los edimburgueses imaginaban que la enfermedad se transmitía a través del aire, por lo que nadie se acercaba por el lugar.

Muchos meses después, previendo que la muerte de todos los vecinos había puesto punto final a la epidemia, los muros fueron derribados y se organizaron brigadas de “limpieza”. Se quemó absolutamente todo: cadáveres, ropa, pertenencias, recuerdos… Una vez que las entrañas de la ciudad quedaron limpias de toda esa putrefacción, las casas de Mary King’s Close volvieron a ser puestas a disposición de quien quisiera alquilarlas. Los que se atrevieron a vivir en las dependencias de aquel lugar maldito relataban historias fantasmagóricas sobre apariciones de fantasmas, ruidos extraños, espíritus… Una presencia oculta en la sombra de aquel callejón parecía acechar a todo el que se aventuraba a entrar en él.

En 1750 las casas altas del callejón –las que se encontraban por encima de la superficie- fueron demolidas, y en su lugar se erigieron nuevas edificaciones más modernas que parecían maquillar la cara más triste y vergonzosa de la ciudad. Pero las leyendas y habladurías se mantuvieron hasta día de hoy. En 2005, la médium japonesa Aiko Gibo, visitó el callejón con el equipo de rodaje de un documental sobre las atrocidades allí cometidas. En cuanto comenzó a bajar los primeros peldaños, se sintió mareada, superada por aquella gran concentración de energía procedente de otras Habitación de Anniedimensiones intangibles. Mary King’s Close estaba repleta de voces del pasado, de gritos hirientes, de llanto, de dolor y sufrimiento. Aiko avanzó por las oscuras estancias del subsuelo de Edimburgo atraída por aquella experiencia tan reveladora en su carrera, y cuando estaba a punto de regresar a la superficie, sintió que una mano tiraba de su pantalón, intentando retenerla en aquel lugar. Aiko se giró y se encontró con una niña pequeña, Annie, vestida con harapos, que le contó que sus padres habían muerto por la peste y que ella se había quedado sola en su casa, con la única compañía de una muñeca que al poco tiempo también había perdido. Conmovida por la tristeza de aquel espíritu, Aiko le regaló a la niña una muñeca que ésta guardó en un cofre. Desde entonces, son muchos los que visitan las dependencias de Mary King’s Close para dejarle juguetes a Annie, tal vez como disculpa por todo el horror que tuvo que vivir. Son tantas las ofrendas que recibe el espíritu que una vez al año miles de juguetes son entregados a las asociaciones caritativas para que los repartan entre los niños menos favorecidos de Escocia.

 

 

 

 

 

 

 

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