Malala, Nobel de la Paz

Hace unos días fueron designados en Oslo los Premios Nobel de la Paz 2014, recayendo esta importante distinción mundial en la pakistaní Malala Yousafzai y en el indio Kailash Satyarthi.

Malala, además, es la más joven en conseguirlo, ya que sólo cuenta 17 años (nació el 12 de julio de 1997, en Mingora).

Nada más conocerse la noticia Malala ha manifestado “esto no es el final, es tan sólo el principio”. Y es que la pakistaní, sabe desde el principio de su vida lo que es luchar.

El nacimiento de una niña en Pakistán no es tan bien recibido como el de un niño, que se celebra con rifles al aire. A una niña se la oculta tras una cortina y su función en la vida no es más que preparar la comida y procrear. Sin embargo, el padre de Malala ya intuía que su niña iba a ser especial, y decidió celebrar su nacimiento con frutas secas, dulces y monedas en su cuna, algo que normalmente sólo se hace con los varones.

El nombre que le pusieron Malala de Maiwand, es el de la mayor heroína de Afganistán. Los pastunes son un pueblo orgulloso compuesto por muchas tribus que están repartidas entre Pakistán y Afganistán. El código pastún les obliga a ser hospitalarios con todo el mundo y el valor más importante es el honor. Sin honor, el mundo no vale nada. Todos los niños pastunes conocen la historia de cómo Malalai exhortó al ejército afgano a derrotar a las tropas británicas en 1880 en una de las mayores batallas de la Segunda Guerra Anglo-Afgana. Malalai tiene un monumento en el centro de Kabul. Es para los pastunes su Juana de Arco.

Malala vivió sus primeros años de vida en un lugar muy hermoso. El valle de Swat, rodeado de montañas, cascadas y lagos de agua clara. Para algunos, es considerada la Suiza de Oriente. De hecho, tuvo la primera estación de esquí de Pakistán. La Reina Victoria de Inglaterra se alojó en el Palacio Blanco, construido por el rey de Pakistán con el mismo mármol que y el famosísimo Taj Mahal indio.

Malala estudió en el colegio que había fundado su padre antes que ella naciera. Tenía clase seis días a la semana y a sus quince años memorizaban fórmulas químicas, estudiaban gramática urdu, hacían redacciones en inglés o estudiaban diagramas de la circulación de la sangre.

¿Pueden considerarse estos estudios una amenaza? Obviamente, no. Pero para los talibanes, SÍ. ¿Cómo iban a permitir que una niña de quince años se culturizase y fuese a estudiar a un colegio? Por supuesto, este absurdo no viene establecido en ninguna parte del Corán, pero algunas mentes enloquecidas y fanánicas interpretan una religión como les interesa, pero siempre a su favor, y si pueden amenazar y extorsionar creen, inútilmente, que esa actitud favorecerá un mayor acercamiento al Islam.

Malala había empezado a escribir un blog con el seudónimo Gul Makai en el que lo único que explicaba era el beneficio que la educación reportaba a todos los jóvenes, y en concreto, a las mujeres. Su madre empezó a preocuparse, y le exigió que fuese al colegio en guagua. Y…llegó el fatídico día. Aunque toda su familia estaba preocupada por la Malala, los talibanes NUNCA habían atacado antes a un niña, y lo que verdaderamente preocupada a nuestra héroe de 15 años en esa época es que fueran a por su padre. Pero…desgraciadamente llegó el fatídico día. Volviendo del colegio, los talibán pararon la guagua, preguntaron quién era Malala, y aunque ninguna amiga la delató se miraron entre sí, y los asesinos supieron a quien tenían que matar.

“De acuerdo, dispárame, pero primero escúchame. Lo que estás haciendo está mal. Yo no estoy en contra tuya. Solo quiero que todas las niñas podamos ir a la escuela”.

Pero le dispararon tres veces con una pistola Colt 45. Quedó desplomada e imagino que para los talibán estaría muerta, porque no la remataron.

El resto de la Historia es milagrosa. Sobrevivió. Fue trasladada a Inglaterra, y actualmente vive en Birmingham.

Quedó entre los cuatro finalistas de la prestigiosa revista norteamericana Time como personal del año.

“Nada ha cambiado en mi vida, excepto esto: la debilidad, el miedo  y la desesperanza murieron para siempre” manifestó Malala tras su intento de asesinato.

Efectivamente una mujer luchadora, y que con el Nobel será más fuerte, y tendrá mucha más esperanza. Deseamos –aunque nos cuesta creerlo- que algún día no muy lejano, el fanatismo de los talibán desaparezca y Malala pueda ser profesora para orgullo de los pastún. No en vano, un niño, un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo.

 

Jesús Pedreira Calamita

Presidente de TuSantaCruz

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