Lucrecia Martel asiste como invitada de honor a la apertura del 7 Festival de Cine Ibértigo

Lucrecia MartelAmaury Santana
La 7 edición del Festival de cine iberoamericano Ibértigo, arranca con la presencia de la directora argentina Lucrecia Martel. El festival dedica una retrospectiva a sus tres largomentrajes hasta la fecha: “La ciénaga”, “La niña santa” y la “La mujer rubia”. La propia directora fue la encargada de presentar la última de sus obras y de asistir a un posterior coloquio con los espectadores.

Pese a su reconocida trayectoria y palmarés dentro de los más importantes circuitos cinematográficos, la directora no ocultó el nerviosismo que le sigue generando las presentaciones de sus películas ante el público. Las propuestas de Lucrecia Martel escapan de los estándares del cine comercial. Sin embargo, su directora tampoco se define dentro de las categorías de cine independiente. “Yo no recibí formación académica en cine así que tuve que inventarme mi propio método de trabajo”, afirma. El origen de sus obras los sitúa en la fascinación por los relatos orales que ya oía a su abuela. “Se trataba de historias de terror que mi abuela nos contaba de pequeños durante la hora de la siesta para mantenernos paralizados”.
De ahí surgió la admiración por el acto comunicativo y la preocupación en generar una conexión con el espectador. “Con mi cine hay un deseo de sobrepasar la soledad, generar un proceso de conexión con el otro”. En la construcción de sus relatos hay un juego con el espectador en lo inacabado que “resulta mucho más eficaz que si las cosas quedasen completamente cerradas para el público”. Según la directora, la historia en sus trabajos no es lo fundamental. “En realidad la línea argumental es una excusa para hacer la historia. Todo lo que hay alrededor del argumento me interesa mucho más”. El objetivo que persigue es el de “crear un extrañamiento”. “Lo que quiero es quebrar las ideas de la realidad. Buscar una rajadura en la vida del espectador”.
Al margen de la industria comercial, sus proyectos se asientan en las ayudas del Estado. “El cine en Argentina depende de lo estatal y de la voluntad política para mantener una cinematografía. No existiría un cine argentino sin la estructura del Estado”. Admiradora de casos como Almodóvar en donde se combinan los criterios de mainstream con un sello de autor, la directora no siente que sea su caso. “No me considero una profesional, creo que soy demasiado caprichosa rodando y no podría filmar cualquier cosa. Mis principales preocupaciones no son comerciales sino lo que quiero contar, generar una conexión con el espectador y no caer en la autocomplacencia”. Después de tratar de abordar un proyecto basado en el popular cómic argentino “El Eternauta” que finalmente abandonaría, reconoce que su interés para el futuro está en el género fantástico. “Lo que me interesa de lo fantástico es la desnaturalización de los personajes y de las situaciones y, por otro lado, de la presencia de una amenaza”.

El ciclo se completa con la proyección de “La niña santa” el sábado 3 de Octubre y con “La ciénaga” el domingo 4 en los cines Monopol de Gran Canaria.

Amaury Santana
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