Los ojos de Julia: Sin ojos no hay mirada

Los ojos de JuliaParece ser que el cine patrio mira hacia el terror más clásico y se empeña en que olvidemos que un día sólo hablaba de la guerra civil, de la posguerra, o de un cine social tan encorsetado que acababa resultando increíble por poco realista, que no por fabuloso.

Hasta ahí, todo bien, porque parece del todo lícito y entendible que el cine español quiera tratar otros asuntos. Es más, es de agradecer que intente ampliar su mirada. El problema es que no trata otros asuntos sino que habla de lo mismo pero haciéndolo por primera vez. Y ahí sí que nos encontramos ante algo que no puede justificarse: valorar una película porque en la industria cinematográfica de ese país no se haya hecho algo semejante antes es desvalorar una película. Y tal vez esto es lo más significativo que pueda decirse de la segunda película como director de Guillem Morales: “para ser española….está bien”.

Y es que lo mismo que hace Belén Rueda en el film ya lo hizo Audrey Hepburn en “Sola en la oscuridad”, Madeleine Stone en el remake de la misma “Sola en la penumbra”, e incluso Uma Thurman en “Jennifer 8”. Para desprenderse de estos precedentes la película se nos vende no como una película con una protagonista ciega, sino una película con una protagonista que se va a quedar ciega. Gran novedad. Bueno, Björk-Selma en “Bailar en la oscuridad” también se estaba quedando ciega. Y si queremos hablar de recuperaciones terroríficas de operaciones para recuperar la vista ya tenemos “The eye”. Así que no nos vendan la moto. Idiotas sí, pero con memoria. Esto ya lo hemos visto, sólo que no lo producía Antena3.

Tampoco es que moleste en exceso que estos ojos sean otros ojos. No nos encontramos ante una mala película. Tampoco es una buena película. Es una película eficaz, sin más. Sí, es como un plato de comida sabroso, que sabe bien, pero que no tiene casi ningún nutriente que el cuerpo pueda asimilar. Sale por el culo igual que entró por la boca, vamos.

Esta hermana menor de “El orfanato” posee una férrea narración clásica que mira descaradamente hacia Hitchcock (el vestuario y peinado de Belén Rueda), apuesta por elementos telemáticos 2.0 (esa Blackberry como única forma de iluminación), tiene un gran acierto en no mostrar los rostros de los personajes que ven, y remata con una resolución tan floja que hace plantearse al espectador si realmente no hubiese sido mejor estar ciego para  haberse evitado ir al cine a ver semejante cursilería. No era necesario que la película tuviera un mensaje, y sinceramente, para acabar diciendo que uno debe mirarse con los ojos un ser querido para quererse a sí mismo ya tenemos a Paulo Coelho.

Desde el patio de butacas reclamamos autores no meros ejecutores. Reclamamos películas dirigidas de tal manera que ningún otro director pudiera haberlas dirigido igual. El problema de ir a ciegas es que no hay mirada y entonces hay que recurrir al Ctrl+C Ctrl+V.

Esperemos a ver si un posible remake americano, a fuerza de copiar, abre un agujero espacio temporal que vaya al principio y acabe convirtiendo a “Los ojos de Julia” en ese nuevo original que todos esperábamos.

 

 

 

Roy F.Galán

 

 

 

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