Los medios de comunicación y la responsabilidad social

PeriódicosMiguel Expósito

Hace unos días llenaba portadas y avances en los medios de comunicación una noticia en la que se veía involucrado un padre y su hijastra. Los titulares eran claros: “Presuntos abusos sexuales y maltratos a una niña de 3 años”. Evidentemente fue una bomba y todos hablaban del tema. Los medios veían el tirón acogiéndose a el primer y único informe médico, aprovechaban el momento para hacer portadas, avances informativos, directos, extensos reportajes donde utilizaban la opinión de gente de la calle que ni conocían al tal Diego. Se juzgaba mediáticamente a una persona sin esperar una investigación razonable de lo ocurrido.

Gritos de los que se personaban por fuera de los juzgados donde iba a declarar el acusado de los hechos, medios acosando a la familia de esta pobre niña en busca de una declaración en la propia sala de urgencias, guardias de reporteros dentro y fuera del hospital esperando un nuevo y exclusivo titular cuando se desconectase la vida de esta niña que había sufrido cuatro paradas cardiorrespiratorias…Y el final para ella vendría con la llegada del padre biológico autorizando a desconectarla.

La información fue desproporcionada. Se comenzaban los informativos incluso a nivel nacional con este tema, pero no por la importancia de «una niña a punto de morir», -cuantos niños de 3 años morirán al día?-, sino por las circunstancias que envolvían al caso: un padrastro pederasta. Muchos se frotaron las manos pues ya tenían chicha que dar durante una, dos o tres semanas «informando» de esta tragedia «protagonizada por un demente» al que la madre se empeñó en defender rotundamente desde el principio y su ex pareja, el padre de la niña, con posterioridad. Pero todos esperaban obtener algo más: la declaración definitiva de lo animal que era el padrastro.

Para disgusto de muchos medios -aunque siempre se podrá seguir estirando el «chicle»- el segundo informe del clínico forense confirma que en ningún caso hubo abusos sexuales,  que las quemaduras que tenía en el cuerpo se habían producido por una reacción alérgica y que su muerte fue provocada por la caída en un columpio.

Pero, si uno pierde el juicio mediático, es difícil ganar el juicio jurídico ante un jurado popular. ¿Dónde queda la imagen del padrastro después de este juicio mediático donde se le ha fusilado? ¿Cómo se intentará reparar la imagen de este hombre de 24 años?
¿Los medios de comunicación emplearán el mismo tiempo y espacio para desmentir que se trata de un pederasta o se seguirán amparando tras la palabra «presunto»?

Muchas veces, el desconocimiento nos conduce ha hablar sobre la “influencia” de tales hechos o de tales informaciones sin saber a ciencia cierta a qué nos referimos, pero no podemos excusarnos en la teoría de “causa y efecto” y mucho menos en el paradigma “emisor-mensaje-receptor”.
Es evidente –y hasta comprensible- que los consumidores de información, a través de los  periódicos o de la televisión, hayan considerado a Diego culpable,  pues los titulares eran rotundos y esa información se instalaba involuntariamente en el subconsciente colectivo.

Los medios son importantes para la sociedad porque integran, cooperan, ordenan, estabilizan, adaptan los cambios, movilizan… Pero no hay que olvidar que los medios de comunicación también controlan y que son una herramienta de los Estados para la transmisión de valores colectivos que antes quedaban relegados a la educación. Ésta es la postura defendida por la Teoría Funcionalista de la Comunicación: la búsqueda de una respuesta en los receptores, la obtención de un efecto por encima de las necesidades que, como medios de comunicación social, deben satisfacer:

1. Acercamiento y personalización.

2. Entretenimiento.

3. Gestionan y lideran la vida política y coordinan grupos.

4. Instrucción.

Por un lado se estandarizan los fenómenos sociales, esclarece y determina las condiciones de los modos de vida y por último, analiza las funciones de la una sociedad. Este chico, al que prácticamente se le consideraba autor de todas esas atrocidades, es un claro ejemplo de cómo se crean símbolos para personificar miedos y proyectarlos en los ciudadanos. Y es que no se puede dejar en manos de los medios la ética y moral de un pueblo, porque a veces coincide con la realidad, pero otras no.

Los medios establecen la norma social pero, aparte de socializar, son vistos como estabilizadores del status quo dentro de la lógica –de su lógica-. El funcionalismo analiza los elementos que no funcionan para aislarlos y corregirlos, ¿y eso no supone un freno para nuestra evolución? ¿Por qué esta tendencia al equilibrio del sistema social? ¿Por qué esta debe ser su naturaleza? ¿Quién lo dice? ¿No será que realmente interesa el equilibrio de la sociedad para el control? Por lo general, los medios de comunicación son instrumentos de control social que contribuyen al equilibrio deseado por unos pocos.
Y la sociedad es una estructura interdependiente en la que el cambio de un elemento repercute en el resto.

Por lo tanto, sólo podemos confiar en que el progreso de la sociedad depende en esencia de la elección de las “buenas” soluciones en detrimento de las “malas”. Y ésa es nuestra verdadera libertad de elección. ¿Es la denominada “prensa libre” un ejemplo de esta libertad? Toda la información resulta de interés para la ciudadanía. Es un derecho del individuo y es un pacto social que deben asumir los medios de comunicación. Incluso las declaraciones “falsas” que se vertieron en un primer momento hubieran ayudado a esclarecer los hechos que finalmente se han constatado pero, una vez más, se les fue de las manos, se convirtió en un fusilamiento, en un espectáculo, en un baile de audiencias. Hay que aceptar la posibilidad del error, de igual modo que hay que confiar en la capacidad de perfeccionamiento de la conciencia ciudadana y de la responsabilidad de los medios. La información es necesaria en cualquier caso, pero antes habría que adecuar el sistema en el que opera. Aunque somos mayorcitos para decidir si nos conviene o no el dejarnos influenciar.

 

 

Miguel Expósito

 


 

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