Los cuatro jinetes de la policrisis

Carlos Castañosa

Cabalgan en formación de cuña. En cabeza, el poder supremo representado por la K de kapital, a cuyos lomos galopa y arrasa poderoso caballero, lanza en ristre y coraza invulnerable.

Le dan escolta tres lacayos. En el centro y tras su grupa, el sicario más feroz. La marca, PF (Poder Financiero), camufla la arrogancia de su despotismo con acrónimos simplistas: FMI, BCE. BM… que encubren señores sin alma; almas de piedra.

Flanquean a este, en segunda fila, dos esbirros a medio cuerpo de distancia. El de la derecha se pavonea a trote largo. Al lomo, la B de bank (también con “k”); símbolo de poderío sobre los “peatones” (ciudadanos de a pie), a quienes sojuzga por imperativo de su señor a cambio de protección y grandes premios otorgados por fagocitarlos.

Al otro lado, la P del político. El más dañino caballista por su intencionado alejamiento del suelo por el que deambula la infantería ciudadana que previamente lo ha contratado como representante y defensor de sus intereses. Lejos de cumplir las promesas por las que es elegido, atiende a las señales de sus adláteres para fijarse en las órdenes que el líder le insinúa con leves gestos. Como su montura es la más baja del grupo, no tiene empacho en acomodar una silla elevada sobre el lomo del animal para intentar nivelarse con sus compañeros de viaje y alejarse en lo posible de todo lo que se mueva a ras de hierba. Es la “poltrona” concedida como prebenda por su sumisión al poder, al tiempo que sus emolumentos y privilegios de sicario bien pagado le inducen a aferrarse al asiento de su ambición. Olvida que antes de encaramarse en las alturas pertenecía a una inmensa mayoría, a la que ahora menosprecia; a la que regresará cuando caiga de un caballo del que no es propietario, aunque se crea dueño y señor de algo.

Cierra la comitiva una amazona que al socaire de los cuatro los observa, los analiza y estudia para contar todo lo que hacen y dicen. Pero la curiosa dama ve cercenado su derecho a la libertad de expresarse por imposición que le viene de la poltrona del lacayo P. Este es la única fuente interesada de la que puede nutrirse, sin capacidad de contrastar noticia, información u opinión personal, so pena de ser descabalgada para que la montura la ocupe un adepto al dictado del líder que dirige la formación. Y el pueblo raso sigue indefenso por ausencia del conocimiento que institucionalmente se le hurta.

Los cuatro gestan una crisis artificial; operación ficticia por cuanto los recursos naturales no han menguado sino que han crecido con ayuda de la ciencia. Pero manipulada la “K”, su explotación, distribución y consumo, aprovechan la inmunidad que les permite globalizar un nuevo orden desde el que consolidar omnipotencia y avasallamiento, tras la caída de aquella bipolaridad equilibrante en bloques antagónicos.

Todo es metáfora que necesita una muestra fehaciente para darle credibilidad. Por ejemplo: A una familia se le incauta, legalmente, su vivienda por impago de la hipoteca que le concedió un banco y, además, sigue con una deuda de por vida porque la mal calculada tasación rebasaba el valor real del inmueble, tras varios años de economía familiar ahogada por las cuotas mensuales ¿Que significado puede dársele? Es evidente que el sistema elige proteger los intereses del jinete del flanco derecho para que no sea perjudicado por lo que dejó de ser uno de sus buenos negocios, a costa de destrozar la vida de muchas familias vulnerando un derecho fundamental, cual es el de la vivienda digna que contempla nuestra tantas veces vulnerada Constitución.

La indefensión de los ciudadanos acosados por las destructoras pezuñas irracionales solo puede combatirse con mucho movimiento y la voz en alto. Movimientos sociales que aglutinen el mayor número posible de damnificados con la bandera de determinada reivindicación, o agrupando la gran mayoría de protestas por todos y cada uno de los motivos de agravio. En el número están defensa y salvación. Y el gran coro de voces en grito de cánticos con letra de consigna o proclama terminará por asustar a los caballos que se desbocarán y desmontarán a sus jinetes malditos; los que no se enteran de que si consiguieran la pretendida destrucción de todo lo que hay por debajo, también supondría su propia desaparición, pues no les quedaría nada sobre lo que imponer un poder vacío e inútil.

 

 

 

Carlos Castañosa

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