Los constructores de la verdad

Logia masónicaDurante décadas se ha discutido si personajes ilustres del ámbito de la cultura, la ciencia y las artes, realmente fueron o no masones. Este afán por conocer los vínculos entre personalidades relevantes y masonería se debe en gran medida a un concepto erróneo de esta corriente que se ha alimentado desde sus inicios del secretismo y el misterio.

Pero la masonería es más que falsos mitos y conjeturas vinculadas a lo esotérico, a los rituales iniciáticos y al ocultismo. Por eso cada vez más se intenta acabar con los prejuicios acerca de esta corriente y de los miembros que la integran, aunque es difícil desvincular los orígenes de la orden de la imagen generalizada de su carácter secreto.

El término francmasonería -equivalente a masonería en castellano- deriva del francés francmaçonnerie que es a su vez una evolución de la palabra maçon, esto es, albañil. Y es que las primeras organizaciones de masones estaban integradas por todas aquellas personas que participaban en la construcción de los grandes templos medievales y que se organizaban en gremios, reuniéndose en las logias -casas-, que habitualmente se encontraban al lado del emplazamiento de la obra. Estos orígenes son los más aceptados por la mayoría de las corrientes, si bien hay quienes los sitúan mucho más atrás, en los constructores de las pirámides, en Noé e incluso en Adán.

En cualquier caso, el concepto inicial de logia masónica fue evolucionando y ya bien entrado el siglo XVII se puso de moda esta estructura organizativa, con sus propios símbolos, reglamentos y jerarquía, abriéndose primero a otros gremios y posteriormente a benefactores y burgueses que encontraban un gran atractivo al hecho de pertenecer a organizaciones privadas y selectas. Las logias primitivas se trasladaron entonces a las tabernas más exclusivas de las ciudades -especialmente en Inglaterra y Escocia- que se convirtieron en los nuevos puntos de reunión de sus miembros.

El cine y la literatura han alimentado el mito de que la masonería moderna -la que se viene desarrollando desde finales del siglo XVII- está vinculada al esoterismo y a ritos iniciáticos que se mantienen en secreto para convertir esta corriente en una especie de secta inaccesible. Pero, si bien es cierto que la masonería mantiene desde sus orígenes unos rituales y una simbología muy particular, la mayoría de los estudiosos del tema, más allá de la parte comercial, coinciden en que la masonería se constituye como un “centro de unión entre todos los hombres”, y que por ello destaca su sentido de la tolerancia y del no sectarismo, hecho que se refleja en toda la información disponible acerca del tema en la web de la Masonería en España (www.masoneria.es) a la que cualquier persona puede acceder libremente y solicitar su acceso en alguna de las logias actualmente operativas en nuestro país.

Actualmente son dos las principales corrientes de la masonería en el mundo, divididas por una interpretación muy diferente de los textos fundacionales de la Orden, las Constituciones de Anderson, de 1723. Así, mientras que la corriente regular es mucho más estricta en cuanto a la admisión de nuevos miembros -las mujeres, por ejemplo, no son bienvenidas- o la discusión de temas religiosos y políticos -que está totalmente prohibida- la corriente liberal o adogmática permite la iniciación femenina o el debate de ideas políticas, religiosas y sociales, que se considera además imprescindible.

Comparten, eso sí, gran parte de la simbología que ha hecho trascender a la Orden al ámbito de lo esotérico, tal como la existencia del Gran Arquitecto –el Ser Supremo encargado de la creación del Universo-, expresado con el acrónimo GRADU, cuya relevancia varía en función de la corriente masónica -para los adogmáticos la creencia en GRADU no es precectiva, pues ello coartaría la libertad del individuo y su libre pensamiento-. También la Escuadra y el Compás son dos de los canales de comunicación simbólica más extendidos por la Orden: el primero representa la mesura del mundo material, mientras que el segundo se maneja en el plano espiritual, midiendo la calidad y la esencia del mundo y la igualdad entre todos los masones, pues refleja la equidistancia existente desde en centro de la circunferencia hacia cualquiera de sus puntos.

La existencia de estos canales de comunicación tan marcadamente simbólicos, de rituales particulares, del dogma de la búsqueda de la verdad y de un código propio, fue considerado desde los inicios como una amenaza para el dogma de fe más importante de la Europa medieval: la religión Católica. Es por ello que desde los inicios la masonería ha contado con fuertes rivales y detractores que han luchado por su desaparición. Incluso en las últimas décadas han aparecido grupos antimasónicos que aseguran que el germen de la dominación moderna está en la Orden y que son muchas las fuerzas políticas e ideológicas que se amparan en la masonería para imponer su criterio a nivel mundial.

Desfigurados o no por la leyenda, lo cierto es que los orígenes de la masonería siguen siendo un tema oscuro, pero parece claro que la orden ha evolucionado en gran medida aportando una nueva perspectiva de crecimiento personal y espiritual que pocos dogmas -religiosos o no- han conseguido adaptar a los tiempos modernos.

 

 

 

 

 

 

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