Los barrancos buscan su cauce por las calle de Santa Cruz

Barrio de SomosierraAhora son carreteras asfaltadas, avenidas y paseos peatonales, pero muchas de estas zonas por las que hoy transitan los vecinos de Santa Cruz fueron, en su momento, barrancos naturales. El temporal ha puesto de manifiesto que la naturaleza reclama sus cauces naturales y que las infraestructuras de la isla no están a la altura de las inversiones que sus políticos dicen realizar con el dinero público.

Ni la riada de 2002 ni la tormenta Delta en 2005 han hecho escarmentar a los constructores y especuladores del ladrillo, tanto en esta isla como en el resto del Archipiélago. Vuelve a llover en Canarias y vuelven los problemas. Y con ello vuelve también la indignación de los ciudadanos que, afortunadamente, no somos tan idiotas como quieren hacernos creer.

Es evidente que las lluvias de los últimos días no han sido precipitaciones comunes. La fuerza de la tormenta y del agua que ha arrastrado a su paso rocas, escombros, cubos de basura e incluso vehículos, han convertido la ciudad en un barrizal. Estábamos prevenidos y sabíamos quBarrio de María Jiméneze no existía una fórmula maravillosa para desviar la borrasca hacia tierra de nadie. Pero la información parce haber sido utilizada, en este caso, más como una forma de cubrirse las espaldas que como verdadera medida de prevención. En situaciones de emergencia en las que sobra decir que la voluntad del hombre siempre resultará insuficiente, lo que urge no es enfrentarse a imposibles sino minimizar los riesgos reales.

Pero estos riesgos nos han vuelto a pasar de largo, se han colado en nuestros comercios, han inundado nuestros garajes, arrasado con nuestras calles, derribado nuestros muros, invadido nuestros hogares y destruido muchas de nuestras ilusiones. Y no es el agua la que se ha cebado con la ciudad y con sus habitantes sino, nuevamente, una pésima planificación del territorio.

La evidencia está en el trazado del tranvía, que discurre colina abajo por avenidas que en su momento fueron barrancos naturales. Está también en Somosierra, donde el asfalto cedía bajo los coches, los árboles y el alumbrado público. Está junto al Pancho Camurria, en un túnel que en apenas una hora quedó anegado por el agua. O en María Jiménez, donde los vecinos llevan meses reclamando mejoras en las canalizaciones y la eliminación de un puente que la riada ya se ha encargado de destruir.

Y también en estos sitios está la desilusión de los ciudadanos, la impotencia e indignación frente a unas imágenes que ya nos resultan familiares y que ni el tiempo, ni el sentido común, ni el compromiso social y ni tan siquiera la vergüenza de nuestros políticos, han conseguido borrar de la memoria.

Vagabundo Pérez

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