‘Los amantes pasajeros’

Los amantes pasajerosLa risa volátil de Almodóvar.

Te vas a reír, eso seguro. La última película de Pedro AlmodóvarLa piel que habito, Todo sobre mi madre– está concebida como una sobredosis de humor a doce mil pies de altura. Pero cuando salgas de la sala y a la pregunta de si te ha gustado respondas que sí, tal vez no seas del todo franco. Es lo que tiene opinar sobre Almodóvar, que puede estar tan mal visto como cortarse las uñas de lo pies en la cocina.

De lo que no cabe ninguna duda es de que el director manchego ha retrocedido tres décadas en el calendario para hacer una película Almodóvar a la vieja usanza, de las que parecía haberse distanciado hace ya unos años. Así, Los amantes pasajeros parece ser un homenaje a sí mismo y a sus incondicionales, con una estética ochentera más que palpable y diálogos estridentes sacados de una noche de desmadre por los bares de Chueca.

Poco después del despegue de un avión con destino a México DF, los pilotos detectan una avería en el aparato que les obliga a mantenerse dando vueltas sobre territorio español. Un grupo de auxiliares de vuelo sacados de cualquier programa de sobremesa de Telecinco serán los encargados de hacer que los pasajeros de primera clase -los de clase turista se pasan todo el vuelo durmiendo- sobrelleven con relativa calma el trance que supone volar sin rumbo durante horas la espera de encontrar un aeropuerto en el que aterrizar.

Pero la avería del avión no es realmente el conflicto de esta película sino un pretexto para hablar de la identidad sexual de la tripulación y recurrir a unos cuantos temas de actualidad con el único objetivo de provocar carcajadas. Y como el público se ríe y se entretiene, durante la hora y media de película no se hace demasiadas preguntas acerca de la lógica del argumento que, si lo diseccionamos con un poco de mala leche -arriesgándonos a ser críticos con Pedro Almodóvar y su séquito- no tiene ni pies ni cabeza.

Lo mejor de Los amantes pasajeros es dejarse llevar y descubrir los pequeños guiños de los que está plagada la película, desde las infidelidades del Rey hasta los tributos a Chavela Vargas o la corrupción política en España.

Lo peor es que en algunos momentos intente ser lo que no es planteando historias paralelas que no conducen a nada más que al ridículo, y no el que da risa, sino el que da un poco de vergüenza.

 

 

Celina Ranz Santana

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