‘Llenar el vacío’

Llenar el vacíoEl amor como obligación religiosa.

La directora de Llenar el vacío, Rama Burshtein, nacida en Nueva York y licenciada en la escuela de cine de Jerusalén, siempre ha declarado que “Amo este mundo, elegí este mundo, no nací en él”. Justifica de esta manera una profunda religiosidad que ha empleado en lograr que la comunidad de judíos ortodoxos tenga un hueco en el mundo del cine.

Sin embargo, en Llenar el vacío, los límites entre la libertad y las imposiciones religiosas no parecen tan claros. A pesar de que, tal como ha declarado Burshtein, se trata de una película en la que no quiere confrontar a la comunidad ortodoxa con la secular, lo cierto es que en ese empeño de mostrar los entresijos de esta manera de entender la vida, el amor y las relaciones entre hombres y mujeres, se pone de manifiesto la supremacía del hombre por encima de la mujer, algo que, por otro lado, es común en prácticamente todas las religiones.

Tras el fallecimiento de su hermana, Shira, una joven de 18 años, debe tomar la decisión de si casarse o no con su cuñado viudo, Yochay. A pesar de que las casamenteras hacen su trabajo para favorecer a dicho casamiento, la última palabra la tiene la joven, que no parece estar segura de sus sentimientos ni de la conveniencia de dicho matrimonio, teniendo en cuenta que se trata del viudo de su hermana y que no hace ni un año que ésta ha fallecido.

La historia de Shira es la transformación de una niña que soñaba con casarse con otro joven de su edad cuya familia, finalmente, decide romper el acuerdo matrimonial. Su entorno insiste en que Yochay es la opción más acertada e incluso el propio viudo, que en principio no parece muy contento con la proposición, termina convenciéndose de que su cuñada puede ser una buena esposa. Los sentimientos que Burshtein muestra en Llenar el vacío parecen formar parte de una caja de pinturas: son naturales, son vivos, son sinceros… pero están tan perfectamente clasificados, definidos y estudiados que no dejan espacio a la improvisación. Esa supuesta libertad con la que Shira tomará su decisión final resulta producto de la ‘burocracia’ del amor que en cierto modo domina toda la película y que, sin llegar a ser una verdadera imposición, da a entender que el amor es también una obligación divina.

 

 

Celina Ranz Santana

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