Leyendas urbanas refrescantes

Coca-colaForman parte de los mitos populares modernos y prácticamente todo el mundo ha oído hablar de ellos en alguna ocasión. Hoy nuestro análisis de algunas de estas leyendas urbanas se refiere a algunos refrescos y combinaciones de bebidas. Porque ya es hora de que todo el mundo lo tenga claro: ni la Coca Cola sirve para desatascar ni el Red Bull es fulminante para la salud…

Es curioso cómo la mayoría de estas mentiras se repiten en todos los países. Y es que el poder de las marcas es superior al de las barreras lingüísticas y culturales. Algunas leyendas urbanas tienen un carácter propio de una zona, pero casi siempre es posible encontrar su equivalente en cualquier otro rincón del mundo con sus variaciones pertinentes.

Sin embargo, argumentos como el de que la fórmula de la Coca Cola sigue siendo un enigma o que utiliza cocaína entre sus componentes, circulan por todos lados pero no por ello dejan de ser menos engañosos. La fórmula de la Coca Cola ni es secreta ni emplea cocaína entre sus componentes. Es cierto que en sus orígenes la base fundamental de este refresco era la mezcla entre extractos de hojas de coca y nueces de cola, pero en cantidades tan insignificantes que hubieran sido necesario consumir varios cientos de botellas seguidos para que la droga tuviera un efecto real en el organismo. En cualquier caso, y para evitar una imagen distorsionada de la marca, desde 1929 este ingrediente ha desaparecido del refresco. El ingenio humano y los intereses comerciales del resto de los fabricantes de refrescos, ha hecho que sobre la Coca Cola circulen numerosos rumores -todos ellos falsos- como que sirve de desatascador por su podre corrosivo, que las patrullas de policía la utilizan para eliminar las manchas de sangre de la carretera o que gracias ácido fosfórico resulta ideal para aflojar un tornillo oxidado. Todo falso, haga usted la prueba.

Otra bebida muy castigada por el látigo de los bulos es el Red Bull. Al ser una bebida más moderna, se ha especulado mucho acerca de su origen y de su uso inicial. Se rumorea que el Red Bull fue una bebida experimental que se ofrecía a los soldados estadounidenses durante la Guerra de Vietnam con el fin de que aguantaran mejor las duras jornadas de lucha y de elevar su estado anímico para que estuvieran despiertos durante más horas. Según esta leyenda, muchos de aquellos soldados habrían fallecido como consecuencia de la ingesta masiva de esta bebida, de lo que se deduce su toxicidad.

Pero resulta que el Red Bull ni siquiera es un invento norteamericano, sino austríaco, y cuya fórmula nace a raíz de un viaje que su inventor, Dietrich Mateschitz, realizó a Hong Kong, donde descubrió una bebida tradicional china hecha a base de cafeína y taurina, una síntesis de varios productos naturales que en algunos países europeos ya se comercializaba como complemento alimenticio.

Pronto empezó a correrse la voz -especialmente a través del correo electrónico- de que la composición del aquel refresco tan innovador resultaba nociva para el organismo. Principalmente, por su alto contenido en cafeína que, si bien es cierto que una lata de Red Bull equivale a una taza de café sólo, no se ha demostrado que eso sea fulminante, hasta el punto de provocar ataques al corazón, como se ha llegado a decir. Por otro lado, que su combinación con bebidas alcohólicas es un cocktail destructivo para el estómago o incluso que tiene consecuencias a nivel cerebral. Pero lo cierto es que ni siquiera está demostrado que el Red Bull ayude a mantener el ritmo durante una noche de fiesta, de manera que este efecto es más producto de la autosugestión que de las propiedades reales de sus componentes.

Lo más sorprendente de todo es que, después de haberse puesto en circulación todos estos bulos, las empresas han tenido que invertir en experimentos para demostrar la falsedad de estas leyendas urbanas y, aún así, muchas de ellas siguen tan arraigadas en la mente de los consumidores que de vez en cuando alguien, con absoluta convicción, te recomendará una Coca Cola para desatascar el desagüe del fregadero.

 

 

 

 

 

 

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