Lealtades

Juan José Miranda

Se les llena la boca cuando pronuncian la palabra “lealtad”. Según ellos, en eso se basa el buen funcionamiento de la organización. Hay que ser leales a los principios de la empresa, de la sociedad, del club, del partido, de lo que sea, pero el caso es que hay que ser leales a algo para que podamos sentirnos satisfechos y contentos.

Y sobre todo si pertenecemos a una de esas organizaciones, entonces ya se convierte en un deber y una obligación incontestable,  porque de lo contrario te conviertes en un ser despreciable, un traidor, alguien que no merece comer del mismo plato que ellos, y a quien habría que escachar como a una cucaracha.

Más o menos en esto se resume el concepto de lealtad y sus consecuencias. Pero se olvidan de la que hay que tener con uno mismo. Total, ¿qué importan los intereses de uno mismo frente a los de todos los demás? Al fin y al cabo uno pertenece a un equipo, a un grupo y, si quiero que se me acepte, tengo que ser leal. Aunque esa lealtad normalmente sea de abajo arriba, al revés no es tan importante.

Un ejemplo de todos los días está en los políticos, le piden lealtad a sus seguidores, aunque ellos la rompan un día sí y otro también. Pero lo cierto es que, una vez que han conseguido lo que quieren, desaparecen hasta un poco antes de las siguientes elecciones, y entonces aparecen montones de ellos, como aparecen las cucarachas cuando fumigan las calles. ¿A quién habría que escachar entonces?

 

Juan José Miranda

 

 

 

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