Las piedras de Ica

Piedras de IcaUn catálogo de conocimientos de hace millones de años.

Se trata de otro de esos descubrimientos no exentos de polémica. A comienzos de 1.966, el doctor peruano Javier Cabrera dio a conocer una curiosa piedra que había recibido como regalo de cumpleaños de su amigo Félix Llosa Romero.

Al parecer, la piedra había sido localizada durante unas excavaciones arqueológicas clandestinas en unas cuevas con corrientes de agua cuya ubicación nunca fue revelada. La piedra, que en un principio estaba destinada a convertirse en un pisapapeles sobre el escritorio del doctor Cabrera, terminó siendo el origen de una investigación que, según la opinión generalizada de un amplio sector del ámbito científico, es un fraude.

Cabrera identificó en el grabado de su piedra la figura de un animal extinto hacía millones de años. Un extraño pez muy anterior a civilizaciones como la Inca, por lo que la autoría de aquel grabado no era atribuible a aquella civilización. Las hipótesis de Cabreira fueron cobrando fuerza cuando analizó el resto de la colección de piedras que tenía el hermano de Félix Llosa y que, según el doctor, reflejaban unos conocimientos tecnológicos que nunca tuvieron los incas, por lo que se afianzó la sospecha de que ‘las piedras de Ica’ –conocidas con este nombre pues era el pueblo de residencia del doctor- pertenecían a una civilización muy anterior a todas las conocidas.

La versión de Cabrera es que las piedras son un catálogo de conocimientos muy avanzados: desde complejas intervenciones quirúrgicas hasta la evolución de los dinosaurios e incluso un mapa de cómo era el mundo en el momento en el que fueron grabadas, algo que no se ha podido determinar por no revelarse el lugar en el que fueron encontradas ni existir ningún material orgánico en ellas que permitiera realizarle las pruebas pertinentes. Durante 35 años, el doctor Cabrera estuvo adquiriendo este tipo de piedras por todo Perú, siendo el campesino Basilio Uchuya uno de sus principales proveedores.

Hasta 15.000 piedras grabadas llegó a recopilar Cabrera, un material con suficiente contenido como para elaborar su teoría de ‘El hombre Gliptolítico’, una suerte de raza extraterrestre que habría poblado el planeta mucho antes de las civilizaciones que hasta ahora se conocen.

La comunidad científica sostiene que la falta de pruebas sobre la localización y datación de estas fechas así como la nula existencia de señales de antigüedad sobra su superficie –necesarias después de tantos miles de años- hacen de este supuesto hallazgo un fraude científico. Las pruebas más contundentes acerca del origen fraudulento de ‘las piedras de Ica’ fueron reveladas por el investigador español Vicente París en 1.998, al encontrar en sus análisis resto de pinturas actuales y el uso de papel de lija. Además, desde el plano representacional, se incurre en numerosos errores históricos, mezclando especies de períodos muy distantes.

Los detractores de Cabrera consideran que fue el propio Uchuya el autor de dichos grabados, pero de ser así, tuvo que contar con todo un séquito de ayudantes para llevar a cabo este engaño, pues ya son más de 40.000 las piedras catalogadas –y las que al parecer todavía quedan por desenterrar-.

 

 

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