Las dietas hipercalóricas de los diputados

Unos se quedan sin casa y otros tienen tres y siguen cobrando.

No sé a qué viene tanta expectación con eso de que a los políticos les haya dado por hacer un ejercicio de ‘transparencia’ haciendo públicas sus declaraciones de la renta. Para empezar, porque si hay irregularidades en sus cuentas no van a aparecer reflejadas en el supuesto apartado 35-H, “rellene esta casilla si ha cometido usted algún fraude”. Lo que tiene el dinero en negro es eso, que es tan oscuro que no se va a ver a menos que enciendas la luz, pero nuestros políticos solo encienden interruptores de bombillas fundidas.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que una parte cuanto menos llamativa de lo que ingresan mensualmente quienes nos representan en el Congreso de los Diputados está exenta de fiscalidad. Es el caso de las dietas, un sustancioso menú servido en bandeja cada mes que asciende a 1.823 euros y que encuentra su justificación en el hecho engañoso de que de los 350 diputados españoles, 315 pertenecen a una circunscripción diferente a la de Madrid, por lo que necesitan desplazarse a la capital para reunirse en el Congreso -cuando acuden a la cita, pero del índice de ‘ausentismo’ ya hablaremos en otra ocasión-.

El caso es que como se tienen que mover de casa, a esos 315 diputados se les da esta dieta para que sus resentidas cuentas puedan soportar el hecho de tener que desplazarse hasta Madrid, ciudad en la que teóricamente no disponen de ningún tipo de alojamiento. Pero lo cierto es que al menos 62 de esos 315 diputados tienen no una sino varias viviendas en la capital española: 34 del PP, 25 del PSOE; uno de CiU; uno de Coalición Canaria y uno de UPyD -Toni Cantó-, que es el único que ha renunciado a este dinero, donándolo a una ONG y argumentando que aunque procede de otra circunscripción sí tiene casa en Madrid, por lo que “sería un timo” aceptar dicha dieta.

No es este el caso de los señores ministros y el propio presidente del Gobierno: toda la tropa, a excepción de José Manuel García Margallo, Luis de Guindos, Pedro Morenés y José Ignacio Wert -que también son diputados-, el resto de la pandilla -en la que se incluye la señora vicepresidenta – Soraya Sáenz de Santamaría- el ministro de Hacienda -Cristóbal Montoro, que tiene nada más y nada menos que tres propiedades en Madrid-, o su compañera de partido, la ex presidenta de la Comisión de Economía del Congreso -Elvira Rodríguez, con cinco pisitos en la capital- se han beneficiado de esta dieta que, se mire por donde se mire, no tiene justificación ninguna.

Además, en el caso de ser diputados ‘madrileños’, la dieta no asciende a 1.823, pero sí que se queda en 870, libres de impuestos, que supongo que serán para pagarse en desorbitado abono de metro o el montadito del desayuno, que hay que reponer fuerzas para seguir ‘levantando el país’.

Para que nadie se sienta ofendido por eso de que las opiniones en España se sustentan sobre la base del “y tú también”, los miembros de la oposición tampoco se escapan del timo de las dietas, el ex alcalde de San Sebastián y diputado del PSOE por Guipúzcoa, Odón Elorza, también denunció en su momento las “injustificables dietas” de las que se beneficiaban muchos de sus compañeros de partido a pesar de disponer de vivienda propia en Madrid.

“Actitud moral ejemplar”, lo llaman. Por eso Rajoy saca a relucir sus cuentas y por eso Rubalcaba insiste en que todos lo hagan, porque unos no pueden ser menos que otros -también el “y yo más” funciona mucho en este país-. Y no sé si creen que somos imbéciles o que, peor aún, realmente somos imbéciles. Porque eso está pasando, y lo sabemos todos. Y no nos lo tienen que contar con cuentas en Suiza y filtraciones de documentos. No nos lo tiene que desmentir el Gobierno ni nos lo tiene que meter hasta en la sopa la oposición. No me sirve que el asunto de Bárcenas se compense con el de los ERE. Es la misma mierda, pero con diferente envoltorio.

Cuando Toni Cantó decidió rechazar la famosa dieta hipercalórica de los diputados lo tacharon de ‘oportunista’. Es otra de las cosas típicas de España. Cuando se presenta una solución real de ahorro, ya sea para evitar la privatización de la Sanidad, para evitar cambios innecesarios en el sistema educativo, o para que menos gente se vea ahogada por las hipotecas que a las que un día creyó poder hacer frente, la primera palabra que se les viene a la boca a nuestros políticos es la de ‘demagogia’, porque está genial eso de arreglar el país, pero que a mí no me toquen lo mío porque ahí no hay nada que rascar.

Ya está bien de mentiras y de políticos obesos. A los que tratan de engañarnos con medias verdades y trucos sucios, solo espero que con esta dieta les de una indigestión. Eso sí sería ejemplar, a ver si a todos se les quita las ganas de comer del plato de otros.

Vagabundo Pérez

http://vagabundoperez.blogspot.com

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