Las cuentas de nunca acabar

Mariano RajoyAl señor Rajoy le sale un ‘amigo entrañable’: su ex tesorero Luis Bárcenas.

Menudo culebrón… El ‘caso Gürtel’, los ‘papeles de Bárcenas’, los mensajes de móvil, los sobres, las cajas de puros, el pony y los Lacasitos. No hay que ahondar mucho más en el asunto porque lo verdaderamente triste de todo esto es que así, tal cual, es la política en nuestro país: un escenario Disney con confeti en el que cuatro amigos entrañables se reparten el pastel. No se dejen engañar: estos son los que han vivido no solo por encima de sus posibilidades, sino sobre las de todos nosotros.

La podredumbre que rezuman los telediarios, la desvergüenza de quienes la practican y -aún peor- de quienes la consienten y la defienden a ultranza, ha rebasado los límites de lo absurdo. Pues el PP hace esto, pues el PSOE hizo aquello, pues más ladrones los tuyos, ¡rojo!, ¡facha!, ¡progre!… En definitiva, un país enfermo de imbecilidad.

¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo vamos a tolerar que nos tomen el pelo de esta manera? ¿Cuál es el límite de lo que estamos dispuestos a tolerar? ¿Qué es lo que ‘mi partido’ tiene que hacer para que me plantee en manos de quién quiero dejar el futuro de mi país? Con esta actitud tan absurdamente permisiva, el voto terminará convirtiéndose en un ejercicio de estoicidad: haz lo que quieras, que yo aguantaré lo que me eches. Carta blanca para un bipartidismo tan ambiciosamente perfecto que si nos saca de la crisis solo va a ser por casualidad, porque los ciclos cambian y a alguien le tocará estar en el Gobierno para presumir de ello, igual que a otros les toca tirar de ‘la deuda heredada’ para justificar el fracaso de este país, como si antes no hubiera habido otros, y antes de estos otros, compartiendo la misma ineptitud que nos ha arrastrado hasta el aquí y ahora.

Cuando se fue Zapatero, realmente tenía el convencimiento de que nadie podría haberlo hecho peor, pero me equivocaba. Nuestro actual presidente del Gobierno es aún más patético que el cejitas y se esconde tanto o más que aquél, que enviaba a Rubalcaba a explicar los asuntos engorrosos, como la ‘crisis de los controladores aéreos’. Ahora tenemos a un presidente que se dirige a los medios a través de un plasma, que luego manda a Cospedal a recitar un trabalenguas y que en un último intento por no hacer el ridículo nos ha plantado a Carlos Floriano como ‘relaciones públicas’ del partido. Y lo más enervante de todo es que todavía no nos han dado una explicación más allá de ese argumento repetitivo que va cambiando según sople el viento: al principio, todos defendieron la inocencia de Bárcenas -¿o es que ya nos hemos olvidado del asunto? ¡Que para algo existen las hemerotecas!-, luego el nombre del ex tesorero se convirtió en palabra tabú, “la Justicia debe de seguir su cauce”, un cauce que financiaba el PP con un equipo de abogados que cobraba 350 euros la hora. Pero la cosa se puso aún más fea y cuando Bárcenas, ya en la cárcel, decide tirar de la manta, ese hombre al que nuestro presidente destacaba por su “honorabilidad” se convirtió en “un presunto delincuente”. Perdonen, no es solo “un presunto delincuente” es “SU presunto delincuente”, y trabajó para ustedes hasta quién sabe cuándo exactamente, con un sueldo “en diferido”, una indemnización millonaria y un despacho en la calle Génova. Dudas que parecen haber caído en el olvido, porque el problema de los españoles es que, en situaciones comprometidas, nos falla mucho la memoria.

Si quieren seguir insistiendo en que han dado las explicaciones que tenían que dar, cometen un terrible error. Cada vez me interesa menos si el PP se financió de manera ilegal, si hubo sobresueldos o si Rajoy se mensajeaba con su amigo entrañable hasta hace unos meses. Lo que verdaderamente me preocupa es que al mando de nuestro país está una persona que se niega a dar la cara, que no es capaz de comparecer ante el Congreso ni de conceder una rueda de prensa como es debido -no a través de un plasma ni pactando una pregunta con ABC-, aunque solo sea para ahondar en el manido argumento de que “el PP no ha aceptado, ni acepta, ni aceptará ningún tipo de chantaje” -¿pero qué rollo patatero es éste del ‘chantaje’? ¿Es que a los asesores de los asesores no se les ha ocurrido un argumento mejor?- Hasta en ocho ocasiones se le ha solicitado a Mariano Rajoy que hable en el Congreso, que dé explicaciones o que se defienda, pero que acate la responsabilidad que le corresponde como presidente de un Gobierno. ¿Y nos quedamos tan tranquilos ante sus reiteradas negativas? Menuda tomadura de pelo. Y que encima otro patán como Rubalcaba sea el que se presente como el gran justiciero de la democracia…

¿Nos toman por idiotas? ¿Estamos dispuestos a permitirlo? Desde luego, si nos toman por imbéciles es porque se lo hemos puesto en bandeja. Y la segunda, ya tal… Mientras tanto, nos seguirán contando cuentos. Y cuentas.

 

 

Vagabundo Pérez

vagabundoperez.blogspot.com.es

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