Las ciencias ocultas e Isaac Neewton

Las ciencias ocultas

Isaac Neewton

El ‘padre de la Gravedad’ también se interesó por la fórmula de la inmortalidad

No son elucubraciones ni suposiciones seudocientíficas. Entre muchas de las preocupaciones del científico inglés Isaac Neewton estaba la de encontrar el elixir de la eterna juventud, la piedra filosofal y la vida eterna.

Neewton era de la opinión de que en la propia Naturaleza se esconde el secreto de la inmortalidad. No es de extrañar que el científico se interesara por manuales de alquimia, cábalas e incluso textos bíblicos que de una forma u otra respaldaban estas teorías.

Un científico interesado por las ciencias ocultas

Resulta cuanto menos curioso que un científico de la talla de Isaac Neewton, el ‘padre de la Gravedad’ tuviera esta fijación por muchos aspectos del conocimiento que sólo se pueden atribuir a las ciencias ocultas. Sin embargo, existen textos escritos del propio puño y letra del científico que demuestran que dedicó parte de sus estudios a la resolución de algunos de estos misterios no estrictamente científicos.

En este sentido hay que reconocer que de alguna manera disciplinas como la alquimia supusieron un impulso para el avance de la ciencia en otros términos. Y en cuestiones de conocimiento, Neewton no le hacía ascos a nada.

Probablemente uno de los textos más curiosos redactados por el británico en el ámbito de las ciencias ocultas es ése en el que asegura haber encontrado la manera de generar las sustancia mágica que transforma los metales en oro y rejuvenece a los hombres para otorgarles el don de la eterna juventud.

Un manuscrito describe el procedimiento ideado por Neewton para la obtención del elixir de la inmortalidad, esto es, la sustancia de la que se compone la legendaria piedra filosofal. Sin embargo, las anotaciones del científico se limitan a los dos primeros pasos, por lo que se desconoce si llegó o no a encontrar la clave de este enigma milenario.

Las lecturas alquímicas de Neewton son copiadas de otro autor

A pesar de que el manuscrito está firmado por Neewton y que, por razones obvias, él es la cara visible de estas investigaciones, las lecturas alquímicas del científico son en realidad la transcripción de un manuscrito redactado por un alquimista estadounidense con algunas correcciones y anotaciones que sí habrían sido de su propia cosecha.

Pero aunque se intentan aportar evidencias científicas mediante pruebas de laboratorio, no existe constancia de que el procedimiento propuesto por Neewton (o por el alquimista al que copió) tengan una verdadera base científicamente demostrable.

El Ilustrador

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