‘Las brujas de Zugarramurdi’

'Las brujas de Zugarramurdi'Donde Álex de la Iglesia encuentra el norte y se pierde.

Como suele ocurrir con el humor que se hace sin una base demasiado sostenible, Las brujas de Zugarramurdi al principio divierte, luego entretiene y al final termina siendo un poco tostón. Es una de esas película sin ton ni son que quiere cubrirse las espaldas con una crítica sobre los problemas de la sociedad actual y abordarlos desde la fantasía de una mente creadora que, sin duda, es capaz de hacer películas mejores, pero en esta ocasión ha preferido conformarse con un puñado de gags, algunas actuaciones más brillantes que otras y un par de cameos ‘graciosos’, entre los que figura el careto del cansino Santiago Segura.

No podría decir que la película “no me gustó”, porque aguanté en la butaca sin rechistar y no salí con la sensación de haber tirado el dinero a la basura, junto con las cajas de palomitas y los vasos de refresco, a la salida de la sala. Pero tampoco me atrevería a recomendar esta película a la que le sobran media hora de metraje o le falta media hora de chispa, según se quiera mirar.

Dos parados, Mario Casas -Grupo 7, Tengo ganas de ti– y Hugo SilvaEl cuerpo, Lo contrario al amor– atracan una tienda de Compro Oro en pleno centro de Madrid y huyen hacia Francia con miles de anillos de compromiso. En su huida acaban haciendo escala en Zugarramurdi, un misterioso pueblo al norte de España sobre el que pesan numerosas supersticiones y leyendas relacionadas con las brujas. Escapar de las mujeres que habitan en este pueblo será mucho más complicado que dar esquinazo a la policía.

Álex de la Iglesia -Los crímenes de Oxford, La chispa de la vida– ha hecho de Las brujas de Zugarramurdi una película ‘macarrilla’, de esas en las que el director se permite todas las licencias. Y no estaría del todo mal -los actores funcionan, los diálogos son absurdamente inteligentes y la ambientación está bien- si no fuera porque la insistencia en el odio de las brujas hacia los hombres hace que al final el conflicto de la película se pierda. Por ponernos un poco en situación, a Álex de la Iglesia los árboles no le han dejado ver el bosque.

 

Celina Ranz Santana

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