Larra, el articulista combatiente

Mariano José Larra“Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Quién ha muerto en el? Leamos. ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!”

Decidió, con tan sólo 27 años de edad, que la vida ya le había mostrado suficiente para conocer al género humano y su sinsentido. Herido en su orgullo político y en su sensibilidad de escritor debido a la separación definitiva de Dolores Armijo, Larra decide suicidarse, dejándonos una obra crítica y satírica muy valiosa acerca de la España de principios del XIX.

Aunque nació en una céntrica calle de Madrid el 24 de marzo de 1809, Larra tuvo que abandonar muy pronto la ciudad debido a las relaciones de su padre -médico afrancesado– y el ejército de Napoleón durante la Guerra de la Independencia. Tras casi una década en el exilio, entre Burdeos y París, la familia regresa a Madrid y el padre de Larra se convierte en el médico personal de uno de los hermanos de Fernando VII. Éste hecho obliga a Larra a seguir a su padre por diferentes destinos nacionales hasta que finalmente, el joven se asienta en Valladolid para comenzar estudios universitarios que nunca acabará. Larra parece estar más interesado por temas políticos y poéticos que por los estudios reglados así que, por un lado, se une a los Voluntarios Realistas -un cuerpo militar de absolutistas- y por otro, empieza a escribir odas y sátiras.

Esta faceta como escritor irá evolucionando y abriéndose un hueco en la prensa del momento, y ya con diecinueve años decide publicar un folleto mensual, muy en la línea de las revistas europeas de ensayo, titulado El duende satírico, en el que el autor, que firmaba sus textos como El Duende, empezará a desplegar el ingenio como periodista que finalmente lo consagraría también como escritor.

Larra era por entonces un joven disconforme que frecuentaba las tertulias de la ciudad y que se mostraba muy crítico y suspicaz en sus opiniones, por lo que sus textos son casi un documento sociológico del momento que vivía España, analizado por la mirada extraordinariamente analítica del autor.

Las desgracias habrían de llegar en el plano sentimental, tras el fracaso de su matrimonio con Josefa Wetoret, con la que tuvo tres hijos. Aún casado con Wetoret, Larra conoce al gran amor de su vida, Dolores Armijo, a su vez casada con un famoso abogado, Manuel María de Cambronero, e iniciaría con ella una relación sentimental tormentosa y en el silencio que, en el ámbito profesional, coincidiría con una época de tensiones políticas en la que Larra tiene una importante producción literaria en la que se dedica a atacar a los carlistas y defender la transformación política al liberalismo. La convulsión que vive el país ha transformado al joven periodista que, a además de dedicar gran parte de su tiempo a escribir artículos que reflejan este cambio, tiene tiempo para escribir una novela, El Doncel del Don Enrique el Doliente, cuyos personajes principales hacen en cierto modo referencia a la relación que mantiene con Armijo. Pero Dolores lo abandona y Larra decide iniciar un viaje por Europa, no tanto para conocer la situación política de otros países, como para superar el desengaño amoroso.

El pesimismo y el desasosiego han contaminado a Larra durante su periplo, y la imposibilidad de regresar con Dolores Armijo, después de un último intento por recuperarla, hacen que tome una decisión tan contundente como las opiniones que solía escribir en la prensa. La noche del 13 de febrero de 1837, tras una visita de Dolores Armijo en la que ésta le comunica que no existe ninguna posibilidad entre los dos, Larra se suicida con un tiro en la sien. Fue su hija Adela, de tan sólo seis años de edad la que, cuando se disponía a darle las buenas noches a su padre, encontró el cuerpo sin vida en mitad de la habitación.

El entierro de Larra, dos días después de su trágico desenlace, fue un acto multitudinario y, por primera vez, el entierro de un suicida se convirtió en “sagrado”desde el punto de vista de las corrientes liberales del gobierno, por lo que hasta el último momento la vida de Larra se convirtió en una verdadera lucha ideológica.

 

 

 

 

 

 

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