‘La visita’

'La visita'

No permitas que tu corazón guarde rencor.

La primera vez que oí hablar de esta película ni siquiera sabía que estaba escrita y dirigida por M. Night Shyamalan (El sexto sentido, Señales, Airbender). A lo mejor es que al director se la habían quitado las ganas de darse tanto protagonismo después de sus últimos tropiezos en el cine. Tanto es así que me parece que en La visita ni siquiera aparece con uno de sus ya tradicionales cameos. Con todo, en esta última película M. Night Shyamalan no tiene nada de lo que esconderese y sí mucho de lo que presumir.

Y es que con La visita vuelve a sorprendernos el verdadero ‘contador de historias’, el que nos deslumbró con argumentos como el de El bosque para luego ir cayendo en picado con una serie de aciertos y desaciertos que parecían haberle hecho perder el norte. La visita no es, a mi juicio, la mejor película del director, pero sí es una señal de esperanza para los que pensábamos que se le habían agotado las buenas ideas.

Dos niños van a pasar una semana a casa de sus abuelos a los que no conocen. Quince años antes, su madre abandonaba aquel lugar para empezar una vida junto a un hombre mayor que ella que años después la abandonaría con sus dos hijos. Pero los abuelos, ya mayores, deciden que es el momento de olvidar rencores y tal vez restablecer el contacto con su hija.

El primer día que los niños llegan a casa de los abuelos, una granja en mitad de la nada, la situación parece bastante normal. Los abuelos parecen un poco tímidos, pero se muestran simpáticos y curiosos con los recién llegados. Sin embargo, a medida que transcurre la semana de visita, los niños van descubriendo más cosas sobre sus abuelos y el ambiente es cada vez más extraño en la vieja granja. Demasiados secretos y situaciones inexplicables qué despiertan las dudas de los desconcertados nietos: ¿qué les está sucediendo a los abuelos?

La visita es una película inquietante con certeros toques de humor que no hacen que el espectador pierda el interés por lo que verdaderamente importa. Sin embargo, recurso de que la protagonista está grabando un documental para justificar el uso de la cámara en mano no es lo más original de la película y en ocasiones se hace un poco pesado. También es cierto que el argumento no avanza demasiado hasta los últimos dos días de la visita. No descubrimos demasiados detalles porque el director se dedica simplemente a ir sembrando para cosechar un buen golpe de efecto y, aunque en todo momento se mantiene la tensión, la película corre el peligro de convertirse en una sucesión de sustos a la espera del truco final. El director salva estos problemas incidiendo constantemente en los temas que verdaderamente quiere tratar en La visita: el paso del tiempo que ha convertido a los abuelos en dos seres vulnerables y enfermizos, y la posibilidad de ser felices en el presente, el único segmento temporal que podemos modificar directamente a través de nuestras acciones. El lugar en el que se encuentra el elixir que nos liberará del miedo y nos convertirá en mejores personas.

M. Night Shyamalan nos cuenta una historia de fantasmas sin fantasmas, porque a veces las sombras que nos maquillan de oscuridad son aquellas que llevamos escondidas bajo el disfraz.

 

 

Celina Ranz Santana

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