La vergüenza de ser español

Carlos Castañosa

Hay días que amanecen en blanco y negro. CHO VITO. Rabia, impotencia, indignación… pero sobre todo, vergüenza.

Mucha vergüenza de que tan deplorables escenas filmadas tengan la repercusión mundial suficiente para humillar a quienes, hace muy pocos años, pusimos en nuestra bandera aquel fatuo eslogan de “Soy español. ¿A qué quieres que te gane?”. ¿Justo castigo a una vanidad absurda por artificial? Quizá sí, pero lamentable es que el castigo verdadero caiga siempre hacia el lado más débil.

El horror tercermundista del violento desalojo de Cho Vito es un símbolo del actual estado de putrefacción en el que se halla sumida esta sociedad. Un Pueblo vejado y maltratado por el Poder que hace poco nos hablaba del Estado del Bienestar.

Con el pretexto de la aplicación de las leyes, se están cometiendo las mismas atrocidades que, en nombre de Dios, la Santa Inquisición perpetró cocinando a fuego lento a tantos inocentes; los mismos que ahora solo aspiran a que sus Derechos Fundamentales, aquellos que nuestra Carta Magna contempla con ostentación, les sean respetados como cualquier otro artículo de cualquier otra Ley.

También me dan pena, mucha pena, algunos jueces. No podría ponerme en su lugar, pero debe ser imposible dormir tranquilo con semejante losa aplastando conciencias. Tal vez, como mecanismo de defensa, carezcan de ella. Del mismo modo que el cirujano no se implica emocionalmente con el paciente para no ver limitada su capacidad, ellos y/o ellas, se esfuercen en prescindir de connotaciones humanitarias para poder aplicar leyes que poco o nada tengan que ver con la verdadera Justicia.

Por no hablar de los responsables políticos. Aquellos “empleados” del Pueblo, contratados en las urnas a partir de un currículum presentado en forma de promesas electorales, en las que se comprometen a defender los intereses ciudadanos. Cuando luego, en la realidad, el único interés que les afecta es la propia poltrona que los convierte en fatuos padres de la patria. ¿Será capaz, Ilustrísimo Señor Alcalde de Candelaria, de dimitir ipso facto? Está obligado por su fracaso gestor. Sin paliativos.

 

 

Carlos Castañosa

http://elrincondelbonzo.blogspot.com/

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